Al rico mejillón
Pero ser de Gerona y obligarse, por cobarde, a vivir en Waterloo, es más que una tontería. Es un error vital. Puigdemont, que es tonto y eso le salva, no puede ignorar la hipoteca vital que está pagando, precisamente por lerdo. Ha renunciado a vivir en su sitio, que es sitio privilegiado, a tener que pasar día tras día en el coñazo de Waterloo
La Justicia italiana ha actuado con prudencia a la espera de la decisión a adoptar por la Unión Europea. Es lógico. Cuando el Tribunal Supremo de un Estado democrático dicta una euro-orden de extradición a su país de un delincuente fugitivo de la Justicia huido a otro Estado, y además de su abogado, el etarra secuestrador Boye, el fugitivo cuenta con el apoyo de la Abogacía del Estado de la nación que emite la orden, hasta un italiano es capaz de no entenderlo. Porque la Abogacía del Estado español, que se ha convertido en la Abogacía del Gobierno español, ha sido la responsable de impedir que el cobarde caganer gerundense y sus compañeros de fuga, no se hallen en España declarando ante el juez Llarena.
Por mi parte, que se queden en Waterloo. De haber actuado con firmeza y valentía, habrían pasado dos años en prisión mimados por sus carceleros y hoy estarían indultados. Un chollo comparado con la obligación de vivir en Waterloo, por mucho dinero que les envíen. Vivir en Waterloo para un mediterráneo tiene que resultar abrumador. Se cuenta que Filadelfia es la ciudad más aburrida de los Estados Unidos.
No puedo asegurarlo porque lo más cerca que he estado de Filadelfia ha sido a diez kilómetros de distancia en situación vertical, a 10.000 metros de altura sobrevolándola. Y que en un programa-concurso de una cadena de televisión de Florida, después de superar durante semanas durísimas pruebas, dos concursantes alcanzaron la final. El vencedor obtuvo como premio una estancia de una semana en el mejor hotel de Filadelfia para dos personas. El finalista perdedor, una estancia de dos semanas en el mejor hotel de Filadelfia para dos personas. -¡Menos mal que sólo estaré una semana en Filadelfia!-, exclamó emocionado el ganador del concurso. Pues Filadelfia, comparada con Waterloo, tiene que ser maravillosa. Como Madrid en verano, según el castizo Marqués de la Valdavia. –Madrid en verano, sólo y con dinero, Baden-Baden–.
Gerona es una provincia española preciosa. Tiene una costa prodigiosa y ahí están los Pirineos, con sus paisajes espectaculares. Lo peor de Gerona son algunos gerundenses, pero eso se supera si uno acude a sus bellezas naturales acompañado de una belleza natural de Sevilla, por poner un ejemplo de sencilla comprensión. O al revés, si una es mujer. Escribo desde la heterodoxia. Pero ser de Gerona y obligarse, por cobarde, a vivir en Waterloo, es más que una tontería. Es un error vital. Puigdemont, que es tonto y eso le salva, no puede ignorar la hipoteca vital que está pagando, precisamente por lerdo. Ha renunciado a vivir en su sitio, que es sitio privilegiado, a tener que pasar día tras día en el coñazo de Waterloo. Su mujer le visita poco, porque es rumana y de sangre caliente, y abrir la ventana del dormitorio de Waterloo y encontrarse con el norte nublado, el este nublado, el oeste más nublado aún y el sur con Puigdemont en la cama recién despertado y con su capucha de pelo despeinado diciéndole «bon día», es demasiado. A ella no le importa, porque sabe que la única mujer que se acerca a Puigdemont es Clara Ponsatí. Pero ella, y esto lo aventuro porque no lo he hablado, dos años más de Waterloo no los aguanta, y no serán dos años, sino más de diez comiendo mejillones, que los hacen muy bien, pero nada que ver con los mejillones de las Rías Bajas y Altas de Galicia, en el Estat Espanyol.
La Justicia italiana, al fin y al cabo, con la ayuda de los abogados del Estado españoles, nos han hecho un gran favor. Que se quede Puigdemont en Waterloo lo que le quede de vida. Y voilá.
- Publicado en la web de Alfonso Ussía el 6 de octubre de 2021