Cartas al director
Todavía hay esperanza
Un amigo checo, procedente de un país sometido 40 años a la dictadura soviética, de familia cristiana perseguida durante ese largo desierto, me cuenta en dos cartas:
«El mal abierto en Rusia y en otros lugares tiene tendencia a hacerse metástasis. Los valores evangélicos como la solidaridad, la reconciliación y la fraternidad con los que se ha construido la democracia, así como el proyecto europeo, se niegan. El egoísmo está de moda…»
«Pero tenemos fe y esperanza en que sobre todas las cosas está la Providencia. Quizá el mundo y nuestros países pasarán un periodo de luchas, pero después de eso habrá un mundo más pacífico y justo».
«Un psicópata gobierna en América, un asesino de masas en Rusia, el totalitarismo en China, y en nuestra casa europea, el viejo demonio del nacionalismo está surgiendo otra vez para destruirla. Pero afortunadamente, tenemos una fuente de esperanza que se fortalecerá en la Pascua que viene».
A los checos la libertad les ha costado hasta sangre, por eso la valoran tanto. Esta nación, junto a otras llamadas «satélites» de la URSS, conocen bien el comunismo, y ya anticipan «luchas» en Europa. La esperanza en un mundo más pacífico y justo se basa en que, después del quizá cercano Viernes Santo de los pueblos, vendrá su Domingo de Resurrección, en el que la creación entera se renovará. Esa es nuestra alegría y esperanza.