Cartas al director
La amargura de la sociedad
Lo que está pasando en España me está haciendo meditar sobre el síndrome de la rana. No la de la puerta de la Universidad de Salamanca. Si no la rana hervida que escribió Oliver Clerc, especialista en bienestar personal. Imaginan una cazuela llena de agua, en cuyo interior nada tranquilamente una rana. Se está calentando la cazuela a fuego lento, al cabo de un rato el agua está tibia. A la rana esto le parece agradable y sigue nadando. La temperatura empieza a subir. Ahora está caliente, un poco más de lo que le suele gustarle a la rana. Pero no se inquieta y además el calor siempre le produce algo de fatiga y somnolencia. Ahora el agua está caliente de verdad. A la rana empieza a parecerle desagradable. Lo malo es que ya se encuentra sin fuerzas, así que se limita a aguantar y no hace nada.
Si la rana se hubiera sumergido de golpe en un recipiente muy caliente, se habría puesto a salvo en un enérgico salto.
Este síndrome nos demuestra que un deterioro, si es muy lento, pasa inadvertido y la mayoría de las veces no suscita reacción. Hasta que te vas muriendo lentamente. Así que, si no eres como la rana medio cocida, pega el salto con rebeldía y sal de la cazuela antes de que sea demasiado tarde…