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Cartas al director

La difícil convivencia

Desde tiempos inmemoriales la convivencia en paz y armonía ha sido un deseo mayoritario de la humanidad. Pero a semejanza del mito de Sísifo cuando a veces se había conseguido o se estaba a punto de hacerlo siempre acababa por malograrse. A lo largo de la historia las formas ensayadas para conseguirla han sido muy variadas. La democracia ha sido una de las fórmulas que se han utilizado. Clístenes de Atenas a finales del siglo VI a.C. fue el arquitecto de una primigenia incipiente democracia. Era el marco a través del cual se trataba de poner cordura a las disputas ciudadanas, respetando a las leyes y al adversario político.

En la España contemporánea, después de fallidos intentos, por fín la Transición fue el punto de inflexión que lo logró. Todo parecía ir sobre ruedas, pero tal vez haya sido un espejismo, pues en pocos años de funcionamiento, razonablemente bueno, las cosas se vienen torciendo. Todo empezó con el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, que volvió a avivar los fantasmas de la vieja confrontación que nos llevó a la Guerra Civil, con una política de ataques a la Constitución de 1978, base de nuestra convivencia, cuestionándola. Alumno aventajado suyo es Pedro Sánchez, que ha levantado sólidos muros contra la oposición como si de apestados se tratara. Todo su afán es deconstruir la actual Constitución, horadándola desde dentro con técnicas de ingeniería política populista para dar lugar a otra de nuevo cuño y de incierto consenso.

En esta labor le ayudan los partidos nacionalistas y los partidos extremistas de izquierda y derecha. ¿Será capaz el pueblo español de verse arrastrado a esta deriva realmente incierta? Esa es la cuestión que tiene España planteada en estos momentos y que será la clave de las próximas elecciones generales.

José María Ugarte Alonso

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