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Cartas al director

Arbeloa y el fracaso

Una idea muy anidada en educación, que inculcamos a los niños desde que son pequeños, es la imagen del triunfador, como alguien que consigue el éxito fácilmente y sin fracasos. Cuando lo normal es lo contrario. Bastaría preguntar fuera del ámbito escolar, a los deportistas de élite en privado, para que nos confirmaran esto. El crack se forja en el fracaso.

Pero a nuestros hijos les alabamos y elogiamos, haciéndoles intolerantes a la frustración, y en muchos casos no les ayudamos a rebasar las «cuestas arriba». Para lo que sí que educamos en una gran mayoría de los casos es a «protegerse» de su error, porque los vemos como algo propio. Les motivamos con frases del tipo «eres el mejor», cuando en realidad los fracasos son habituales en nuestras vidas, porque estamos en un proceso de aprendizaje. Son escalones, compañeros y aliados diarios de la vida, para crecer como personas. La pregunta es: ¿por qué no educamos para asumir el fracaso, en la fragilidad y en la vulnerabilidad?

Por eso sorprenden gratamente las declaraciones del nuevo entrenador del Real Madrid, Álvaro Arbeloa, tras la derrota contra el Albacete: «No tengo miedo al fracaso. Y entiendo quien quiera calificar esta derrota como fracaso. El fracaso está en el camino al éxito. Me hará mejorar. Nos hará mejorar a todos. He fracasado muchas veces en mi vida, con eliminaciones más duras que esta». Es un gran ejemplo para todos y una manera de enseñar a todos a aceptar la realidad: a veces se gana y otras se pierde, pero siempre hay que volver a intentarlo, aprendiendo de los errores.

Álvaro Gil Ruiz

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