Cartas al director
Ucrania, reflexiones militares
La guerra de Ucrania ha cumplido cuatro años, convirtiéndose en el conflicto más grave en suelo europeo desde la Segunda Guerra Mundial, aunque en realidad el conflicto comenzó en febrero de 2014 con la anexión rusa de Crimea y la guerra en el Donbás, llegando a una invasión a gran escala, el 24 de febrero de 2022, mediante una «operación militar especial» con unos objetivos geopolíticos y de seguridad: impedir la integración de Ucrania en las estructuras occidentales, la OTAN en particular. Ideológicos: desnazificación y desmilitarización, es decir, desmantelamiento de la capacidad militar ucraniana. Y territoriales: anexión de Crimea (2014), Donetsk, Lugansk, Jersón y Zaporiya. Tras un intento fallido de tomar Kiev al inicio, la guerra 'relámpago' se transformó en «de desgaste», centrándose en el este y sur del país. Actualmente, el frente presenta un estancamiento, incluso tecnológico, marcado por el uso de drones en una nueva forma de guerra de trincheras, aunque con constantes ataques y contraataques en zonas estratégicas como Zaporiya.
Ucrania y su población, recordando lo que supuso estar bajo el dominio soviético y la hambruna a la que la sometió Stalin, tras cuatro años de invasión y continuos bombardeos, han demostrado una resiliencia inquebrantable y una unidad de hierro, manteniendo su soberanía y valores democráticos, con un presidente que ha demostrado ser un verdadero líder para su pueblo, frente a una agresión constante que ha transformado su sociedad.
Las consecuencias principales de este conflicto son:
Impacto humano: Aun siendo imposible saber las bajas reales producidas, se estima que las rusas (muertos más heridos) superan el millón de personas. Por parte ucraniana se han registrado «oficialmente» más de 46.000 fallecidos y cientos de miles de heridos. Millones de ucranianos se han convertido en desplazados o refugiados y han perdido sus hogares.
Geopolítica: Europa ha reducido su dependencia del gas ruso y ha multiplicado su gasto en defensa ante el miedo y las presiones estadounidenses (pasando del objetivo del 2 % del PIB al 5 %). La población europea, aunque todavía mantiene un apoyo mayoritario a Ucrania, ha ido evolucionando con el tiempo y el gasto a un pragmatismo escéptico en el que se desea una paz negociada ante el creciente impacto económico (incluso en la economía doméstica y con los refugiados) y la incertidumbre sobre la capacidad militar de Kiev para recuperar todo su territorio. Esto último, la incertidumbre, hace que sea aún más importante, realmente crítico, el apoyo financiero de Estados Unidos y la UE. Sin él, el conflicto podría resolverse en condiciones muy desfavorables para Ucrania durante este mismo año.
Dimitry Peskov, portavoz del Kremlin, ha declarado en este aniversario que «los objetivos no se han cumplido plenamente», por lo que la agresión continuará hasta que se alcancen, ya sea por medios militares o mediante una «solución política» bajo las condiciones de Moscú. Aunque Putin ha fracasado en sus objetivos máximos, mi experiencia de 45 años en las Fuerzas Armadas me enseña que mientras uno de los adversarios crea que aún puede conseguir sus objetivos por medios militares será imposible la paz. Decía Clausewitz: «La guerra es un acto de fuerza para obligar al adversario a acatar nuestra voluntad. La guerra es un choque o enfrentamiento de voluntades», pero también, siempre es un enfrentamiento de capacidades. ¿Podrá seguir Ucrania contando con las necesarias para alcanzar un acuerdo de paz justo gracias al apoyo occidental?