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Cartas al director

Nueva Edad Media

Cada vez resulta más difícil (o imposible) no pensar que estamos retrocediendo hacia una especie de «nueva Edad Media» en lo que respecta a la vivienda. Por aquel entonces, la mayoría dependía de unos pocos que controlaban la tierra; hoy, cada vez más personas dependen de quienes concentran la propiedad inmobiliaria y la explotan a su gusto.

Alquileres por las nubes, precios por metro cuadrado inalcanzables y una creciente incertidumbre económica están configurando un escenario muy preocupante, quizás de crisis. Acceder a una vivienda se parece cada vez más a pagar un tributo que a ejercer un derecho básico. Trabajar ya no garantiza poder vivir de forma independiente, y proyectos tan normales como emanciparse o formar un hogar se retrasan indefinidamente.

Como en aquel tiempo, el riesgo es evidente: una sociedad dividida entre quienes poseen y quienes dependen de ellos para algo tan esencial como tener un techo. No se trata de una exageración, sino de una tendencia que ya empieza a sentirse en el día a día de muchas personas, incluso de los que más tienen. No podemos normalizar esta deriva sin rumbo: es momento de exigir decisiones públicas valientes y actuar antes de que sea demasiado tarde.