Cartas al director
Politizar la sociedad o socializar la política, ésa es la cuestión
En los años 30, intelectuales de la talla de Ortega y Marañón, en sus ansias patrióticas, quisieron ver a la nueva República como la tabla de salvación nacional que llevaría al país a una modernización liberal pendiente desde el siglo anterior, se dieron muy pronto cuenta del fracaso del proyecto republicano. El motivo fundamental de tal fracaso histórico era que muy pocos políticos deseaban, realmente, el éxito del proyecto y, por el contrario, la mayoría, a izquierdas y a derechas, luchaban por su final. La lección es que una democracia no se puede sustentar en un castillo de naipes, en una mera ilusión sin más ayuda que idealismos contradictorios.
A diferencia de la fracasada República, en 1978 si hubo un deseo mutuo de conseguir el ansiado éxito de una democracia estable y avanzada, con una Constitución, la del 78 diseñada por el consenso de los principales partidos nacionales, en lugar de un texto para solo un partido.
Pero, tras cerca de medio siglo, de nuevo hay una izquierda que se empeña en politizar a la sociedad civil, a través del viejo truco de la polarización, entre «rojos y azules», «progresistas y ultras», en definitiva, buenos y auténticos demócratas, los suyos, de la izquierda, y los que no lo son, de talante ultra, las derechas, y los traidores «progresistas».
Para recuperar el sendero de la paz social es necesario romper este modelo de un letal maniqueísmo, que la política quede en su plano de lo público al servicio de la sociedad, y que la sociedad esté libre de parásitos de una parte tóxica del poder político enroscado en el poder. Volver al espíritu de consenso y tolerancia mutua de los años 70. El espíritu nacional de la Transición. Hay que socializar y moderar lo público, para que se normalice la vida social.