Cartas al director
Dos memorias
Sin lugar a dudas memoria es una de las palabras más mentadas en las últimas décadas, sin olvidar otras, como «independencia» «amnistía» o «corrupción». La imposición de una ideología la bautizan con una memoria, según la ocasión, es uno de los fenómenos más relevantes desde que tenemos en España esta débil democracia.
Dos leyes han sido aprobadas durante las etapas de los socialistas Rodríguez Zapatero y Pedro Sánchez Castejon, respectivamente, conocidas como «Memoria Histórica» y «Memoria Democrática». A estas normas añadieron nuevas autoridades y cargos memorialistas bien pagados.
La memoria es siempre conflictiva, interesada y mudable según convenga. En la primera, la histórica, se han acumulado un buen número de equívocos y abusos conscientes e intencionados. La memoria es algo plural, la historia de todos. Una única memoria constituye un ejercicio de exclusión y falsa unanimidad de auténticos totalitarios.
Y hoy hablar de memoria democrática significa establecer un vínculo entre el hoy democrático y el ayer republicano. Nada más falso, ni los de hoy antifranquistas son democráticos, ni los republicanos de izquierdas de entonces eran demócratas. ¿A caso los que defendían la república, como los anarquistas, los comunistas y algún que otro socialista eran demócratas? Ni unos ni otros lucharon nunca por la democracia. Ni defendieron lo que quedaba de la legalidad republicana.
Solo querían una antidemocrática dictadura de izquierdas. Pero llegaron los sublevados y no les dejaron, les ganaron. Y eso no lo perdonan ni lo olvidan. Franco impuso el orden, gano la paz y murió en la cama. Ahora lo quieren borrar y cancelar, por dejar preparada la Transición de la dictadura a la democracia, la que no soportan. Esta es la auténtica memoria…