Cartas al director
La memoria no puede ser selectiva
Le escribo como ciudadano nicaragüense exiliado en Costa Rica, y también como uno de los más de 300 nicaragüenses a quienes se les retiró arbitrariamente la nacionalidad, condición que España generosamente restituyó al otorgarme la ciudadanía española. Mi preocupación nace de un hecho simple: la memoria histórica no puede borrarse desde los escenarios culturales.
En España se celebran los méritos literarios de Sergio Ramírez Mercado, exvicepresidente de Nicaragua durante la primera dictadura sandinista. Su obra es valiosa y no la cuestiono. Pero su inminente elección como miembro de la Real Academia Española plantea un dilema ético que no puede ignorarse: ¿es posible reconocer al escritor sin revisar críticamente el papel político que desempeñó en un periodo marcado por censura, persecución, asesinatos, exilios, confiscaciones, servicio militar obligatorio y violaciones a los derechos humanos?
En una entrevista reciente, Ramírez afirmó que «los perdones deberían abundar, pero de todos», y preguntó quién está «autorizado para juzgarlo». Esa postura diluye responsabilidades y evita la autocrítica que cualquier figura pública debería asumir, especialmente cuando su voz sigue teniendo peso internacional.
España, con su propia experiencia histórica, sabe que el talento no borra el daño, que los premios no limpian la historia, y que la responsabilidad pública no prescribe. No se trata de castigar al escritor, sino de evitar que los reconocimientos culturales se conviertan en un mecanismo involuntario para lavar el pasado.
La memoria no es revancha: es un deber moral. Y quienes hemos sufrido el exilio por segunda vez sabemos que el silencio selectivo solo profundiza las heridas.