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Cartas al director

De aquellas manifestaciones estos lodos

Me entristece mucho, después de veintitrés años como docente de Música, tener que hablar de política educativa, tras la cantidad de gobiernos y desgobiernos que he tenido que sufrir en la Comunidad Valenciana.

Recuerdo las manifestaciones que llevamos a cabo una serie de alumnos de Musicología en Granada, a finales de los años noventa, debido a que en aquel momento la ministra del ramo educativo quería acabar con la asignatura de Música en Secundaria y ofertarla únicamente en los conservatorios y en las escuelas musicales. Con el apoyo de otras facultades conseguimos más de 10.000 firmas y nos manifestamos en Madrid, interpretando el Réquiem de Mozart. Conseguimos reunir a más de 5.000 mil personas.

Pues bien, cuando los estudiantes de varios puntos de España llegamos a la ciudad «donde el deseo viaja en ascensores», se quisieron unir, con banderitas incluidas, algunos de los sindicalistas de los que no supimos nada hasta la fecha. Por tanto, varios compañeros les reprochamos el gesto y les dijimos que abandonaran la marcha, si no retiraban sus banderas subvencionadas. Decidieron irse, con quejas e insultos varios hacia nosotros, como el de «fascistas». En aquella época ya ciertos compañeros utilizaban dicho apelativo en la facultad, si no opinabas como ellos, aunque fuera sobre el tiempo en Constantinopla.

Por suerte, la asignatura no fue eliminada y algunos de aquellos jóvenes ahora somos profesores de la misma. Pero, como la persecución hacia la libertad de juicio y de criterio que las artes promueven es común a algunos politicastros, años después, otro presunto ministro culturizado volvió a querer eliminarla del currículo. Por suerte, su hilarante ley no llegó a ser aprobada.

He de decir, en honor a la verdad, que en la Comunidad Valenciana siempre se ha respetado la Música hasta que, hace unos años, algún iluminado pensó que debía desaparecer como asignatura obligatoria en tercero de la ESO. En su lugar, se impartió Proyecto Interdisciplinar. Por suerte, algunos pudimos aprovechar la coyuntura, realizando musicales u otro tipo de actividades, aunque no dejaba de ser una merma para nuestro ya desgastado horario como profesores del Arte de las Musas. Posteriormente, otro gobierno volvió a retomarla y hasta ahora, por suerte, nada más se ha reformado.

A pesar de que ya el señor Alonso Quijano decía que «Donde música hubiere, cosa mala no existiere», no podemos más que mirar de reojo con cierto resquemor cada vez que se redacta un borrador de otra enésima ley educativa de este país de países.

Por ello, he de decir que no he secundado la huelga educativa actual en mi querida Comunidad Valenciana y que me la trae al pairo que me digan esquirol, insolidario o fascista. Considero que estas manifestaciones son las más politizadas que jamás he observado: todos los problemas de ratio, falta de profesorado, burocracia y de incoherencia de las leyes educativas tienen una raíz que viene de la sociedad y es muy difícil erradicarlos.

Perdimos hace años el principio de autoridad y este tipo de rabietas nos alejan cada vez más de la realidad del resto de ciudadanos.

Creo que una ley educativa que se cumpla a rajatabla en todo el país y que sea aprobada por la mayoría del arco parlamentario sería una de las soluciones a los graves problemas existentes en nuestros centros educativos. Asimismo, una devolución de todas las competencias de Educación al Estado podría sanear el ambiente que existente en esta comunidad.

Por desgracia, mi utopía juvenil ha ido desapareciendo y reconozco que es mucho más probable que los elefantes vuelen a que en nuestro país dejemos de criticarnos entre nosotros y aunemos nuestros esfuerzos para que nuestra desilusionada juventud reciba la educación que se merece.

Pedro José Baños Márquez.

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