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Cartas al director

De la vocación a la muerte

Imaginar el levantarse cada mañana, vivir con el riesgo de no volver con tu familia, y sentir eso como una pasión por España, es lo más preciado que tenemos como nación. Aquel que, por un dinero incomparable a su vocación, monta en la lancha frente a unos narcotraficantes ante los que se encuentra desamparado. Ese guardia –más de uno ya, en realidad– protege a su país frente a la droga y la criminalidad, y sin embargo obtiene una recompensa trágica.

Habitualmente se desvirtúa el trabajo de nuestra Guardia Civil, se les toma acaso como el más bajo escalón de nuestros Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado. ¿Cómo, si no, serían capaces de lanzarlos al mar a morir? Pero ya parece que eso no es exigible. Asumimos que la vocación recibirá los mínimos para poder, al menos, montar en una lancha cuando los criminales la embistan.

Si el llanto de una viuda, sosteniendo el féretro de su marido, ya no despierta nada, no genera sentimiento alguno, poco o nada puede hacerse. Cuando deseas luchar por tus conciudadanos y su bienestar, el sacrificio forma parte de tu compromiso. Solo pedimos que este no se perpetúe, una vez tras otra, porque deciden dejar de lado a los pocos héroes que España aún conserva.

Mario Barragán Ferreira

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