Cartas al director
Fiarse de Dios
Hay muy diversas circunstancias en la vida, tanto en los años jóvenes como en la edad ya madura, que nos conducen a un desaliento y a una desesperanza sin comprender con exactitud el sentido de ese estado de ánimo que nos lleva a tales extremos. A veces son causas anodinas y pasajeras, pero en otras ocasiones lo son algo persistentes que nos llevan a encerrarnos en sí mismos. No me refiero a las denominadas situaciones depresivas que requieren un tratamiento médico adecuado, sino a esa falta de aliento y de esperanza porque no alcanzamos unas metas soñadas para nuestra vida. Y es que en no pocas ocasiones esas metas son realmente inalcanzables y el sentido del fracaso es el que ocasiona la desazón e inquietud.
Hay un camino eficaz y seguro para soslayar o sobreponerse a estas situaciones y es trascender esos estados circunstanciales al fin sobrenatural para el que hemos sido creados: Dios. Sí, fiarse de Dios. Él nos ha creado, Él nos ha redimido y Él nos ha puesto sobre el camino conducente al fin sobrenatural para el que nos creó. Y el Señor nos acompaña en ese caminar; hemos, pues, de fiarnos de Él: fuente de nuestras energías, de nuestra esperanza y de la alegría de llegar a buen término.
A veces, efectivamente, nos emperramos (perdón por la expresión) en caminar solos, aislados, con nuestras propias ideas en la cabeza, pero con unas anteojeras que nos impiden ver lo que circula a nuestro alrededor. Y a nuestro alrededor circulan personas con la misma problemática que nosotros, pero con una visión bastante más acertada y es que hay fe en Dios, confianza en Dios, esperanza en Dios. De ahí que el resumen sea bastante simple: hay que fiarse de Dios y no de nosotros mismos.