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Cartas al director

De la cosa literaria

De camino al bazar, me detuve frente al escaparate de la librería de la esquina, deseoso por conocer las novedades del mes. Allí, primorosamente colocada entre la prometida de Nieves Herrero, los azares de Mada Riva y los amores paralelos de Uceda, ya figura la nueva novela de Helena Resano. Viendo la catadura de los best sellers, me entraron ganas de poner la levita, irme a un balneario a tomar las aguas y vivir un gran amor de los de principios del siglo XX. También se me pasó por la cabeza la tentación de hacer campaña para que le pongan una estatua a Corín Tellado en la fachada de la Biblioteca Nacional, justo al lado de la erigida al príncipe de las letras. Y es que de la obra de la autora asturiana, de las novelas selectas de la Colección Pueyo y de las fotonovelas sesenteras han acabado brotando las flores de mensaje fácil y escritura urgente que hoy engalanan los espartales de la cultura.

Con que me llamó la atención un gran vacío que había en aquella góndola ilustrada y decidí preguntarle a la librera, la cual me dijo que era un espacio reservado a la flamante ganadora del Premio Fernando Lara. Y no me pilló de nuevas el que ahora, en lugar de reservar libros, se reserven huecos para ejemplares que aún no han salido de la imprenta, porque uno ya está acostumbrado a las extravagancias. Entonces me explicó, sin que yo se lo pidiera, que se trata de la periodista Marta Platel y me contó maravillas de una novela, titulada El baile de las criadas, llena de pasiones prohibidas e identidades ocultas y ambientada en la Barcelona de la inmediata posguerra. Vamos, un bombón para el lector y con todos los ingredientes de un éxito de ventas. Se conoce que quien no escribe hoy en día sobre las criadas, no es nadie y que España era un país entregado a la servidumbre, donde todo lo importante se dirimía en las alcobas de los fámulos.

No hace falta decir que salí de la librería con el firme convencimiento de hacer un cambio de sexo registral, como hizo mi paisano Roma Gallardo, si quiero ver algún día en blanco y negro mi epopeya sobre los cangaceiros del sertón, a la que solo me falta por poner el «Vale», y pisar los carísimos predios de la fama.

Juan José González García

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