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Cartas al director

Watergate de Sánchez

Uno de los objetivos prioritarios de Sánchez cuando accedió a la Presidencia del gobierno fue acabar con la corrupción. Sin embargo, el pesimismo pronto se adueñó de la sociedad ante el descubrimiento de la falsa autoría de su tesis doctoral. Desde entonces, su recorrido político se ha caracterizado por la mentira, la hipocresía y el cinismo. Su mortífero deterioro de las instituciones ha generado en la sociedad una animadversión y un desprecio jamás visto en nuestra democracia. Permanece en el poder con las ayudas del separatismo, y a los pactos con la extrema izquierda a la que suele incluir en sus gobiernos.

Y ante esta deriva política de corrupción, no deja de llamar la atención la encendida defensa pública del Gobierno corrupto por sectores de la extrema izquierda de la farándula, que intentan presentarse ante la sociedad como el paradigma de la ética y la moral, insultando por el camino a los ciudadanos que votan opciones políticas diferentes.

Y mientras los ciudadanos sufren el despropósito de su Watergate, surge un nuevo escándalo protagonizado por el expresidente Zapatero. Son tantos que deben tener exhausto a la UCO dadas las horas extraordinarias de trabajo que los desaguisados socialistas les está obligando a hacer.

La sociedad está perpleja ante la irresponsabilidad del presidente del Gobierno que arremete desde la cloaca gubernamental contra jueces y fiscales en lugar asumir y poner orden en su gobierno. Y ante los sofocos de la podredumbre institucional, huye de España buscando el consuelo foráneo de colegas antidemocráticos. Su fluida relación con el régimen comunista chino es sorprendente, ya que resulta contradictorio que Sánchez, el sabueso especialista que presume de desenterrar cadáveres de dictadores, acuda a dialogar con dirigentes de un país en donde en 1989 perpetraron la criminal masacre de Tiananmén, que pasará a los anales negros de la historia.

José Antonio Prieto Solís

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