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Cartas al director

¿Quién nos ha robado el futuro?

La dependencia pasiva frente al Estado ha generado un ciudadano dependiente, criticón pero pasivo, apático y mediocre. Los contrapoderes democráticos, mediáticos, políticos no existen. El ciudadano tiene la percepción de que el político no resuelve sus problemas reales.

Una de las cosas más particulares de nuestros tiempos es la desconfianza. Pero esa desconfianza en las instituciones todavía no provoca la desobediencia civil. El miedo se agudiza ante la desconfianza. Todo se agiganta con la corrupción, el incumplimiento de las promesas electorales y la incompetencia de los gobiernos. Hay muchas razones para el descontento. Sin alternativas no hay futuro, solo queda volver al sitio en el que ya has estado. El antídoto no es la superficialidad ni la frivolidad.

El absentismo de los dirigentes y miembros de los partidos han permitido que las cosas ocurran como han sucedido. La experiencia cotidiana de soledad es el mejor camino para el totalitarismo. Moral cívica a golpe de BOE. Vivimos en la era de la incertidumbre.

No son las campañas electorales una muestra palmaria de desinformación donde solo se exponen aquellas partes del programa que puedan interesar a un sector o parte de la población. El objetivo debe ser hacer del malestar y el desencanto un motor de cambio. No caer en el tremendismo ni aceptar a pies juntillas la frase de A. Glez.: «te llaman porvenir, porque no vienes nunca». Hay una España mejor y debemos reconocernos en ella.

Es necesario un rearme moral. Recuperar la credibilidad y la confianza es crucial para la sociedad. Claro que hay alternativas, pero no podemos solucionar un problema creando otro. Es necesario buscar alternativas que den respuesta al malestar ciudadano. Hay que combatir a los bárbaros si queremos defender lo que amamos. Los bárbaros están dentro de nuestras fronteras físicas y mentales.

Rafael de Miguelsanz Palomo

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