Cartas al director
La sacralización del fútbol
Desde la antigua Grecia, con la creación de las Olimpiadas, el hombre ha sacralizado el triunfo en las competiciones deportivas. Los griegos tuvieron incluso en su mitología una diosa que personificaba dicha victoria: Nike.
De todas las sacralizaciones deportivas a las que ha rendido culto el hombre, el fútbol ha sido sin duda la que más éxito ha tenido. Es curioso lo que en torno a un balón se ha llegado a deificar.
«La vida es una pasión inútil», decía Sartre, y las vanas competiciones deportivas y sus inanes victorias no son más que las metáforas más logradas de dicha afirmación. Qué mayor pasión inútil que la del fútbol. Nada importa nada, por eso importa tanto el fútbol.
El hombre está predestinado al absurdo, como tan plásticamente lo reflejaron los griegos en el mito de Sísifo. Como propuso Albert Camus en su literatura, tenemos que sobrellevar nuestro sino con la máxima dignidad posible.
Todo es insoportablemente ridículo y nuestra titánica misión es no asumirlo.
Pocas cosas nos han ayudado más a soportar esta ardua condición que el fútbol.