Cartas al director
Menores... o no
El siglo XXI apenas empezaba a andar.
Juzgado de Guardia de una pequeña ciudad del norte de aquella España.
Un chaval de piel morena, o sea ni blanco ni negro, había sido detenido y acercado al juzgado por haber sido pillado in fraganti durante la comisión de un delito menor contra el patrimonio.
Llevaba poco tiempo en el país pero se defendía muy bien, en todos los sentidos.
A la propuesta de la juez de ser tratado como menor, el joven insistía en que era mayor de edad. Llamado el médico forense, de aquella adscrito al juzgado, le miró la cara, las manos que sujetó con firmeza, girando la muñeca, hasta le pidió que abriera la boca. Su conclusión coincidía con la de la juez. El chico no llegaba ni a los 16 aunque estaría bien confirmarlo con un par de radiografías.
La juez, muy digna ella, se volvió al detenido/ presunto menor al que puso en conocimiento de que sería tratado como tal y de que sería trasladado a un centro de menores. Se despidió, inocente, con un «hasta mañana». Inocente la juez. El hasta mañana fue hasta hoy. Al día siguiente, la juez comprendió por qué el chico sonreía tanto al salir del juzgado rumbo al centro tutelado. Él sabía que era un centro de puertas abiertas del que salió por la puerta, andando tranquilamente.
La UE, en su Plan de Inmigración, apuesta por tratar a los menores con guante blanco, intentando no hacer uso de pruebas invasivas y dejando las puertas abiertas.
Mientras, al menos diez niñas que entraron en España con la última, por ahora, avalancha marroquí, han denunciado haber sido violadas por los chavales que deambulan por las calles de Ceuta.
Qué hacer con estos menores no se acaba con su reparto, otra vez utilizados políticamente. Su interés es el superior y quizá su derecho a formarse en su país debe ser el primero de esos intereses.