Cartas al director
Majestad, de nuevo usted
«Majestad, sé que estas letras, posiblemente, no le lleguen jamás. Pero sí llegará a quien las lee y puede publicarlas. Le pido tres cosas: Constitución, Constitución y Constitución. Su Reina y la nuestra, su Princesa y la nuestra, entenderán que si no es ahora, para cuando entonces. Recuerde un tres de octubre. Todo cambió. Su padre un veintitrés de febrero. Todo cambió.».
Lo dejé escrito hace tres días. Y en efecto, eso ocurrió. No le llegó. No le hizo falta. Tiene presente lo suyo y lo de su padre.
Don Juan José Vivas Lara es convocado a la residencia de Su Majestad en periodo estival. Marivent preambula siempre reflexiones de un primer semestre legislativo, vamos, lo que es un verse las caras con altas instituciones. Esta convocatoria, la del presidente, añade un aspecto inédito: el encuentro con los desencuentros.
Muy bien. Norte de África. Padre e hijo reyes. Expansión del territorio. Juramento de odio eterno al enemigo. El comienzo: una ciudad sitiada. El resultado: llevar el conflicto a tierra del enemigo. La cabeza decisoria. Conclusión final.
Cartago. Hamilcar Barca y Anibal. Córcega y Cerdeña. Primera Guerra Púnica. Segunda Guerra Púnica: Sagunto. Batalla de Cannas el año 216 antes del nacimiento de Cristo. De los cónsules, uno murió en batalla y el otro huyó a Roma. Quinto Fabio Máximo emplea, para entonces, un argumento demoledor: «Pax Romana» o estrategia Fabiana. Escipión hizo el resto.
Es, a todas luces de gran proceder, comunicar mediante hechos en que grado se produce una complacencia. También una displicencia. Aristóteles en Ética a Nicómaco, habla de eudaimonía como la consistencia vital que permite actuar de acuerdo con la virtud alcanzada mediante la razón.
Responder al vilipendio anteponiendo hechos frente al desencuentro es consistencia vital.
Majestad, otra gran fecha.