Cartas al director
Lo de Ceuta
Ante las imágenes inquietantes de la irrupción de unos 80.000 visitantes a Ceuta, el relato del Gobierno garantiza la comprensión de algo que nunca fue una invasión; sino un incidente de flujos migratorios causado por mafias ajenas a la Corona marroquí, generando una fugaz crisis humanitaria, atajada por nuestro Gobierno y el de Marruecos con loable celeridad solidaria. Y aunque algunos miles no regresaron, bien sabemos que estos «son los mejores» (Manuela Carmena dixit), como también lo son unos cientos de menas, de esos que sin saber por qué nos toca criar a los españoles, y no a sus padres, pero que tanto benefician a las ONG. Criaturas de edad indeterminada que enviaremos a Juanma «corazón asín de ancho» y al resto de presidentes autonómicos del PP, para tensionar sus Gobiernos con Vox. ¡Miel sobre hojuelas y toma resiliencia!
Queda claro que aquello tampoco se debió al efecto llamada, causado por la regularización de un millón y pico de inmigrantes, junto a una nueva maniobra de presión de nuestro leal vecino del sur sobre la soberanía española de Ceuta, Melilla, y ya también Canarias. Todo fue una especie de justicia poética por ganar el Mundial gracias a los goles de un hijo de la migración. Y si hubiera culpables, estos son la Meloni, Trump, el TS y su sentencia pro boyas, la internacional reaccionaria y sus influencias polarizantes en las redes sociales. Parafraseando a Groucho: ¿a quién va a creer usted: al Gobierno o a sus propios ojos? Pues eso.