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Editorial

El PSOE de Sánchez es la mafia

El sumario de la cloaca es el episodio más grave de la historia de la democracia y obliga a dimitir al líder socialista y enfrentarse a la Justicia

El levantamiento del secreto del sumario de la causa que instruye la Audiencia Nacional sobre una de las tramas de la llamada 'Cloaca del PSOE' ahonda en la intolerable tesis, anticipada por la UCO en sus prolijos informes, de que el partido que gobierna en España es una auténtica organización criminal.

Todo deberá ser enjuiciado y en su caso, condenado, sin duda, pero los hechos documentados son ya de la suficiente enjundia como para alcanzar una conclusión inapelable: el PSOE montó y financió una mafia indecente para proteger particularmente a Pedro Sánchez, por el método camorrista de intentar asesinar civilmente a los jueces, fiscales o guardias civiles al frente de los casos de corrupción que le acorralan.

Una parte de esta teoría ya está constatada: la gerente del PSOE elaboró facturas falsas a cargo del partido, las disimuló en una red de empresas pantallas y, con esos recursos, se financió a Leire Díez y a sus sicarios para que intentaran frenar las causas, todo ello a las órdenes de Santos Cerdán.

La otra parte, que es el conocimiento de los hechos por parte de Sánchez, ha de demostrarse para que su papel también pueda tener consecuencias legales, pero a efectos políticos ya es responsable.

Porque la cloaca se creó nada más hablar él de la fábula de la conspiración contra su Presidencia, al hilo de la imputación de su esposa. Porque medió con el dinero de la organización de la que él es el máximo dirigente. Porque trabajó para protegerle a él y acabar con todo lo que le molestaba. Y por qué la protegió hasta el último momento o mintió con descaro sobre ella cuando ya se difundió su burda existencia.

Si de verdad Sánchez fuera ajeno a una mafia que todo lo hacía para él, ¿por qué su reacción al ser destapada fue hacerse el sorprendido, pero, a la vez, amplificar el combustible que la movía y repetir hasta la náusea que era objeto de un complot?

Alguien inocente se hubiese llevado las manos a la cabeza al conocer la extorsión de Leire Díez para derribar al mando de la UCO al frente de las delicadas investigaciones y se hubiese disculpado al segundo: lejos de eso, Sánchez se delató a sí mismo al legitimar a la propia trama con su propio discurso agresivo contra la independencia judicial, precisamente en la diana de los mafiosos.

Y, desde luego, no hubiese mirado para otro lado ni promovido a Santos Cerdán o a Leire Díez, a sueldo del PSOE y de empresas públicas como Correos o Enusa.

Echar a Sánchez es, en fin, una urgencia democrática nacional: no puede estar al frente del Gobierno alguien incapaz de ganar en las urnas, de mantener una mayoría parlamentaria o de aprobar Presupuestos que, además, encabeza o se beneficia de una organización más parecida a la Cosa Nostra que a un partido político. Y ya no llega con que Sánchez dimita o le desalojen: después de eso, la dignidad de España exige que además se enfrente él, personalmente, a los tribunales.

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