01 de octubre de 2022

En Primera LíneaJuan Van-Halen

Los palmeros

El nuevo alarde de mal gusto de Rufián, que no sé hasta dónde podrá llegar en su impulso irrefrenable de hacer el ridículo, molestó al presidente. Es en lo único que coincidí con Sánchez en aquella mañana aburrida de un martes a casi cuarenta grados

El César Sánchez impuso a los suyos (los bien colocados, sus votos parlamentarios; el votante de a pie de momento no le ocupa) pedir perdón a Podemos por haber sido peón de Biden en lo de sus destructores y los dineros de Defensa, y lo visualizó con decisiones que no servirán para nada. Las medidas sobre Bancos y Eléctricas las pagaremos los usuarios. Los euros para los jóvenes y los bonos ferroviarios de octubre a diciembre –¿todos los viajeros necesitan esa ayuda?– serán una cataplasma y los viáticos destinados a jóvenes los pagarán sus padres esquilmados mientras el Gobierno hace caja con la inflación. Con más gasto, sin ahorro y mintiendo no se sale del hoyo. No cumplió sus promesas en La Palma o en Zamora. La bancada socialista premió al jefe con un desbocado aplauso.
Sánchez aparecía en las fotos como gallo triunfador rodeado de sus vicepresidentas, todas con sonrisas de dentífrico menos Yolanda Díaz que tenía la mirada perdida en la baleada cúpula del hemiciclo que Sánchez había recordado a Rufián cuando exhibió unas balas desde el atril. Ni Sánchez ni Rufián habían sufrido el asalto del 23-F de hace cuarenta y un años, pero yo sí, y no fue suceso para bromas. El nuevo alarde de mal gusto de Rufián, que no sé hasta dónde podrá llegar en su impulso irrefrenable de hacer el ridículo, molestó al presidente. Es en lo único que coincidí con Sánchez en aquella mañana aburrida de un martes a casi cuarenta grados.
Pedro Sánchez

Lu Tolstova

No había que recurrir al oráculo para anticipar en qué daría el debate del estado de la Nación: en una nueva entrega al radicalismo; nada nuevo. El presidente es experto en achacar sus errores a otros y en mentir, habilidades que le acompañan como una segunda piel. No importaba que en la primera visita de Feijóo a Moncloa se presentase con una carpeta de propuestas sobre las que nunca más se supo. Resulta que era Sánchez quien había presentado un catálogo de soluciones. El presidente recalcó su interés por una parte de las víctimas de la guerra civil de hace más de ochenta años pero olvidó las leyes y normas de rango vario que se dictaron para la concordia desde antes de aprobarse la Constitución, incluida la Ley de Amnistía de 1977. No recordó su aberrante pacto con Bildu. Por lo visto es compatible considerar a ETA un episodio del pasado que debe superarse y entender actualísimo el coco del franquismo que no asusta ni a los niños porque no saben qué fue. Dentro de poco nuestros infantes no sabrán quiénes fueron El Cid o Pizarro, uno por guerrero y el otro por colonialista. La ignorancia favorece al jefe.
Los palmeros, cada vez más escasos salvo que estén en nómina, mostraron unanimidad sin la mínima reticencia. Dijese lo que dijese el jefe le aupaban insistentes aplausos. No ponían la mirada en el corto o medio plazo sino en el minuto siguiente. Me recordaba Saturno devorando a su hijo, la más negra de las pinturas negras de Goya, que acaso era una alegoría del felón Fernando VII devorando a su pueblo en una España oscura. En la bancada de la izquierda no intuían la alegoría parlamentaria a la que asistíamos. El César Sánchez dando pasos de canibalismo político, consolidados por la experiencia, en un tiempo oscuro. Su víctima es España como la conocimos, como era desde la Transición pactada desde la concordia, hasta que llegó Zapatero que está en todas las salsas y sembró la división y el odio. La recogida de aquella pésima cosecha la está haciendo Sánchez. Y con qué desvergüenza.
Desde la que ya se conoce como «Ley Bildu» y su intervención ante el Rey en Ermua ni Sánchez ni este PSOE tienen derecho a la indulgencia. La mención a España y al País Vasco como «dos países libres y en paz» fue un tributo a Bildu y supone una indignidad impropia de un presidente de Gobierno, además de una burla a la Constitución que afirma «la indisoluble unidad de la Nación Española, patria común e indivisible de todos los españoles». Algunos periodistas engrasados hablaron de un lapsus pero Sánchez llevaba el texto escrito. Es constatable la cantidad de sapos que se traga el Rey por su posición institucional. La frase de Sánchez en Ermua es ya demasiado sapo.
La última semana nos ha deparado alguna otra curiosidad. No es de recibo la presencia de banderas rojas con la hoz y el matillo en el acto de Yolanda Diaz presentando «Sumar», contraviniendo la Resolución del Parlamento Europeo de diciembre de 2019 sobre exhibición pública de símbolos comunistas y nazis. Considerarían escandaloso que alguien exhibiese una bandera con el Águila de San Juan, ante la que fueron recibidos como diputados Carrillo, Pasionaria o Alberti, constitucional hasta la Ley de Símbolos de 1981.
Otra curiosidad fue la entrevista con la embajadora de Estados Unidos en España, Julissa Reynoso, nacida dominicana. Apareció en portada del diario gubernamental, nueva versión de «El Socialista»: «La química entre Biden y Sánchez ha dado un empuje a nuestra relación». La entrevista en su conjunto es diplomática, incluso escapista; la embajadora no se moja. Biden no había tenido hasta la cumbre OTAN el menor interés en buscar esa «química» con Sánchez que la embajadora vislumbra. Y en la propia cumbre, según las numerosas fotos publicadas, se observa más química entre Biden y Begoña, la dama de Moncloa, que entre Biden y Sánchez. Jaime Peñafiel, viejo amigo y sabio en estas lides, nos informa en LOC de la fama de «sobón» y «tocón» de Biden y se extraña de que la lógica incomodidad de Begoña no se advirtiese en las imágenes: «es más, ella correspondía acariciándole el cuello». Ni quito ni pongo manoseo; reproduzco al maestro Peñafiel. Todo sea por el atlantismo recuperado. Podría decirse lo que en la chulísima chapa que lució Yolanda, la vice: «Existo, luego te jodes». Estos de la nueva política y los nuevos sueldazos no saben estar.
  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de Sam Fernando
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