27 de enero de 2023

En primera líneaJosé Ramón Bauzá

Nicaragua crucificada

Hoy el pueblo de Nicaragua está oprimido y Ortega no le deja soñar con un gran hogar. En el Parlamento Europeo algunos estamos dispuestos a dar la cara por el futuro de ese pueblo hermano

Hoy, Félix puede llevar 24 horas a oscuras, o 24 horas con una luz que no le deja dormir. Hoy, Félix tiene que tomar la misma decisión que ayer: comer 35 gramos de frijoles con un puñado de arroz o no comer. Hoy Félix tampoco verá a su mujer, Berta, ni a su hija, Alejandra, de 9 años.
Félix Maradiaga, candidato presidencial de Nicaragua y prisionero político, lleva 15 meses encarcelado en la prisión de Chipote –su mujer cuenta por días, 464– sufriendo las torturas de la policía corrupta de los dictadores Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo. Félix resiste, y lucha por salvar la vida de los nicaragüenses.
A Félix le acompañan al menos otros 205 presos políticos, entre los cuales se cuentan en los últimos años y semanas miembros de la Iglesia católica de Nicaragua. Sin duda, el verano más negro para los católicos desde que Ortega y Murillo ocupan el poder.
Tras perseguir, encarcelar y expulsar a toda la disidencia política, los dictadores nicaragüenses avanzan sin freno contra los católicos. El pasado 19 de agosto, el obispo de Matagalpa, Rolando Álvarez, fue detenido y situado en arresto domiciliario junto con cuatro sacerdotes, dos seminaristas y un camarógrafo. Esta es la última violación del derecho a la libertad religiosa que el régimen del dictador Ortega acomete contra la Iglesia católica en Nicaragua. Anteriormente, el obispo auxiliar de Matagalpa, Silvio Báez, marchó al exilio; el Nuncio del Vaticano fue expulsado en marzo de este año, y las inocentes Misioneras de la Caridad de la Orden de Santa Teresa de Calcuta han sido ilegalizadas, junto a otras 1.700 organizaciones humanitarias.
Tengo el honor de haber podido impulsar una resolución en el Parlamento Europeo que el Pleno aprueba hoy por mayoría, y con la que nos alzamos de nuevo para denunciar un hecho ruin y mezquino, que solo los dictadores como Ortega son capaces de superar: acabar con el último resquicio de libertad de la individualidad de los seres humanos, acabar con nuestra dignidad.
La persecución a la Iglesia católica no ha dejado de crecer en los últimos años. Sabemos que son constantes los ataques en los países donde los cristianos son una colectividad en minoría. Sin embargo, es la primera vez que observamos a una Iglesia mayoritaria víctima de la represión ante los ojos de toda la comunidad internacional.
Felix Maradiaga

Paula Andrade

La Iglesia de Nicaragua, que representa a casi el 60 por ciento de la población, es la última institución en pie y con legitimidad para oponerse al proyecto totalitario de Ortega. Lejos de adoptar una posición política, traslada un mensaje de defensa de la libertad y dignidad de los hombres, el mismo que le llevó a dar amparo y refugio a los nicaragüenses víctimas de las matanzas perpetradas especialmente desde 2018 por el régimen de Ortega.
El derecho a la libertad religiosa está consagrado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU (art. 18), en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (art. 10), así como en la Declaración Americana de Derechos Humanos (art. 12). Implica la libertad de elección de nuestra creencia, pero también la libre práctica de la misma. Desde 2018, el régimen se esfuerza en perseguir tanto a la Iglesia católica de Nicaragua como a aquellos que quieren practicarla libremente esa fe.
La violación de este derecho no es solo ir contra tratados internacionales, es ir contra la esencia última de los seres humanos. Contra nuestra dignidad. La libertad de conciencia y de religión forma parte consustancial de los derechos humanos y del desarrollo de la personalidad de todo individuo.
La Resolución que el Pleno aprueba hoy no puede quedarse en una denuncia contra la represión a la Iglesia. El obispo Álvarez representa mucho más. Representa un pueblo sometido a los designios del dictador. Esta resolución es nuestra forma de dar voz a quienes Ortega se la ha quitado. Y denunciar unos hechos que tienen consecuencias también más allá de las fronteras de Nicaragua.
Llamamos a la Comisión y al resto de instituciones europeas a adoptar una posición firme. Es necesario profundizar en un catálogo de sanciones que ahoguen definitivamente a la cúpula del poder criminal en Nicaragua. Y también es un mensaje a Roma. El papa Francisco, oriundo de la región, no puede callar ante el mayor saqueo de la Iglesia en América Latina, su Iglesia. Y es que el silencio deja abandonados a quienes Ortega reprime y no deja hablar.
La supervivencia de la familia dictatorial refleja la fortaleza de Rusia y China. De todos es sabido que Rusia ha encontrado en los regímenes dictatoriales americanos la puerta de entrada al continente para desafiar a Occidente. China, por su parte, no deja de extender sus tentáculos financieros por el continente, explotando las debilidades de los países que no cuentan con un Estado de derecho sólido. Es pues, urgente, que la Unión Europea, con España a la cabeza, se ponga al frente de la comunidad internacional para poner fin a las atrocidades que sufren nuestros hermanos nicaragüenses, y también venezolanos y cubanos.
Afirmó Rubén Darío, gran escritor y patriota nicaragüense: «Si pequeña es la patria, uno grande la sueña». Hoy el pueblo de Nicaragua está oprimido y Ortega no le deja soñar con un gran hogar. En el Parlamento Europeo algunos estamos dispuestos a dar la cara por el futuro de ese pueblo hermano.
  • José Ramón Bauzá fue presidente de las Islas Baleares, es eurodiputado de Ciudadanos en el Parlamento Europeo
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