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en primera líneaRafael Carriegas

Asesinados siete veces

Quienes en los próximos meses, Dios mediante, tendrán que entenderse para tomar las riendas del Gobierno de España, bien podrían empezar por acordar ilegalizar para siempre el horror y reevaluar todas la competencias que tiene el Gobierno Vasco y que con tanta indignidad gestiona

Resulta muy íntimo escribir sobre un asunto de la magnitud del asesinato de tu padre. No es un asunto intrascendente, temporal o anecdótico. Te afecta en lo más profundo como ser humano, y es por ello que pretendo dar lo mejor de mí mismo cuando pretendo hilvanar cada una de las frases de este texto. A mi padre, Modesto Carriegas, y a las casi 850 víctimas del infame terror nacionalista de ETA las han asesinado de manera cruel e indecente en siete ocasiones. Aunque tarde, es perentorio exigir a todos los ciudadanos de bien que pongan pie en pared y que, juntos, seamos capaces de revertir esta monstruosidad.

ep

El Debate (asistido por IA)

Los criminales nacionalistas vascos, alimañas insaciables, hoy vestidos de corderos, apoyados en la complicidad del Gobierno Vasco y en la asfixiante inmoralidad del Gobierno de España les han asesinado, sin descanso ni rubor, siete imperdonables veces. Llevamos más de medio siglo de horror y la infamia no parece tener fin. La ignominia es pieza insustituible en el degenerado paisaje vasco y resulta elemento perenne del ser más íntimo de la enferma sociedad vasca.

La primera vez les asesinaron, les reventaron, les dispararon, les quemaron vivos y no tuvieron reparos ni distingos en niños, mujeres, hombres o ancianos. Matar, matar y matar. Con odio les arrebataron el último aliento y dejaron a sus familias a los pies de la despiadada sociedad vasca. La segunda vez fue la muerte social. Los gobernantes vascos, quienes tenían la responsabilidad política, pero sobre todo ética de estar cerca de las víctimas, eligieron bando y prefirieron empatizar y estar cerca del asesino, de la muerte y del terror. Corría como la pólvora en la cobarde sociedad vasca el argumentario que en execrables periódicos se vomitaba. Todos los calificativos eran fruto de la más profunda esquizofrenia, pero penetraban como el más afilado puñal en las mentes temblorosas de los vascos, que, prestos, no dudaron en ponerse del lado del mal tachando para siempre la casilla del bien. Crueldad en estado puro. La mismísima esencia del nacionalismo vasco.

La tercera vez que los mataron fue cuando, ya fríos y en una caja, innumerables sacerdotes vascos se negaron a oficiar un funeral cristiano por su alma. Ni ahí hubo compasión, condolencia ni humanidad. Incumplieron de manera imperdonable, sin empacho ni renuncia, a todos y cada uno de los preceptos esenciales del Evangelio. La cuarta vez que los mataron fue cuando los han perseguido hasta la tumba o hasta las placas en las que se exalta su sacrificio y memoria, y las han profanado, ultrajado y vandalizado con el único propósito de seguir haciendo daño y de recordar a toda la sociedad que siguen estando ahí y que, desde la máxima impunidad que les garantizan las perversas autoridades vascas, son feroces garantes de que el miedo, el odio y el terror imperen para siempre entre los vascos. La quinta es el ensalzamiento de los asesinos. Aunque parezca mentira, se suceden los homenajes y las bienvenidas. Se les nombra hijos predilectos de sus municipios de nacimiento, se les otorga, con el dinero de todos, empleos públicos en los que seguir corrompiendo la vida de las personas, se les pondera como ejemplo de valentía y amor a la patria, modifican el relato de lo ocurrido inoculando odio hacia las víctimas inocentes y santificando la vileza del verdugo, se les nombra infames pregoneros de toda suerte de festejos y, libremente, se presentan en listas electorales ofreciéndose –con todo su bagaje y experiencia criminal– para representar a los ciudadanos. Y se continúa brindando por ellos, mientras las familias siguen llorando en heladora soledad a los suyos. La sexta eleva a la enésima potencia lo inverosímil. Lo peor de la sociedad española y vasca han acordado un indigno mecanismo que premia a los más abyectos asesinos, según el cual estos depravados psicópatas salen de la cárcel mucho antes del fin de su condena o gozan de toda suerte de privilegios penitenciarios sin cumplir con ninguno de los preceptos que establece la Ley. Gana el mal, pierde el bien.

Permítanme que establezca una séptima vez, aunque solo afecta al 40 % de los asesinados por ETA, ¿cómo es posible que 350 crímenes estén todavía por resolver –el de mi padre entre ellos– y los detestables gobernantes de las instituciones vascas y españolas miren hacia otro lado cuando firman las excarcelaciones de quienes –por jefatura– no solo saben quienes fueron los autores, sino que fueron ellos precisamente quienes los escogieron para tal horripilante propósito? Debemos restablecer la cordura y resituar las piezas para que el bien venza al mal. Y para hacerlo no vale ni la ocurrencia, ni la improvisación, ni el cálculo político. Se exigen determinación y dignidad. Quienes en los próximos meses, Dios mediante, tendrán que entenderse para tomar las riendas del Gobierno de España, bien podrían empezar por acordar ilegalizar para siempre el horror y reevaluar todas las competencias que tiene el Gobierno Vasco y que con tanta indignidad gestiona.

  • Rafael Carriegas Robledo es hijo de Modesto Carriegas, asesinado por ETA el 13.09.1979
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