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En primera líneaPedro Fuentes

Tiempos de misericordia

Somos culpables de mentir, de manipular, de no querer ver, de no escuchar al otro, de robar, de justificar lo injustificable y, aun así, nos miramos al espejo y nos contemplamos misericordes para con el otro, que no soy yo, sino alguien muy distinto

Decía Adam Smith: «La misericordia con el culpable es la crueldad con el inocente».

Son tiempos de misericordia. El Estado de derecho y el Estado de bienestar, conocidos en los últimos cincuenta años, se tambalean.

ep

El Debate (asistido por IA)

La demagogia democrática y progresista no necesita de la misericordia. No tanto por su genética laicista, sino por su cromosoma mutante: de la libertad a la intransigencia; del mal entendimiento de la libertad a la exaltación de la intransigencia.

¿Cómo sería un Estado con misericordia?

¿Nos compadecemos del sufrimiento ajeno o nos servimos del padecimiento de la sociedad?

En una demagogia social... ¿Cuál es el significado de ser culpable o ser inocente?

Quizá en este anochecer del hombre humanista debemos detenernos a pensar.

Somos culpables de mentir, de manipular, de no querer ver, de no escuchar al otro, de robar, de justificar lo injustificable y, aun así, nos miramos al espejo y nos contemplamos misericordes para con el otro, que no soy yo, sino alguien muy distinto.

Pero cuando ese espejo son las lágrimas de las familias de Adamuz, o las de la dana, o las del 11M, el reflejo es el de nosotros mismos, porque mañana puede haber otro lugar de dolor para cada uno, reservado en la fatalidad y escondido por la negligencia.

Cuando el sufrimiento toca la puerta, se necesita de la misericordia de la verdad, sin demagogias, sin intransigencia, sin cortinas de humo.

Qué fácil es gobernar a golpe de decreto de ley, y qué difícil es decretar la misericordia de la verdad.

Así le va al mundo. Las palabras de un filósofo al que admiro, me hicieron recapacitar cuando afirmó «que le extrañaba cómo se cuestionaba la mayor moral de nuestro tiempo».

¿Puede existir moral sin misericordia?

¿Sin misericordia por la verdad?

El uso ilegítimo de la información y su manipulación es una falta de misericordia hacia el que padece las consecuencias.

La mala gobernanza a través del engaño es una falta de misericordia.

Al hombre no se le puede discriminar respecto a la verdad. Al menos tengamos el derecho de pedir, con las lágrimas de la verdad, la misericordia a Dios, en un funeral religioso, que no al que nos inviten los inmisericordes. Sin festejos mediáticos en las televisiones, donde nuestros rostros, aun cubiertos con las vendas y la sangre del dolor, se puedan elevar a La Cruz cubiertos en el baño de lágrimas.

Gobierno y gobiernos, llevamos largas jornadas pidiéndoles verdad, transparencia, justicia... Ahora será más difícil. Misericordia... ¡Dennos la verdad de su misericordia!

Si no fueren capaces, se sintieran incapaces de ello, o antepusieran su riqueza personal y poder, entonces... qué «buenos vasallos seríamos si tuviéramos buen señor».

Si hubiera alguien culpable, al menos, que la misericordia sea para el inocente.

  • Pedro Fuentes es humanista
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