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en el recuerdoAlfonso Ussía

Humor de izquierdas

En España, el humor es conservador, liberal y letrado. Escritores con juvenil humor de la izquierda evolucionan hacia la derecha a medida que sus mentes se enriquecen con el sentido del ridículo y lo abandonan. Todos cruzaron el muro de Berlín, excepto uno, Miguel Gila, que lo hizo al revés

En sus Obras Escogidas editadas en Moscú, tercera edición de 1935 y en su página 199, escribe Lenin: «Hay que estar preparados para mentir, engañar, hacer operaciones ilegales y omitir o suprimir la verdad».

Lenin pudo hacerlo a sus anchas y levantó la Revolución a su antojo desde la mentira. Ahora, le costaría más porque le sacarían los colores en las redes sociales. Lenin asesinó y ordenó los asesinatos de decenas de miles de rusos. Y no perdonaba a un tonto. De haber conocido en sus tiempos a un Pablo Iglesias, a un Alberto Garzón, o una Irene Montero, los habría fusilado por eso, por tontos. El tonto comunista es dogmático, aborrece la ironía y el sentido del humor, y miente mal. Un mentiroso torpe es capaz de superar los límites del ridículo cuando son sorprendidos mintiendo. Lo de las balas ha sido estupendo. Y el eco humorístico que ha seguido a sus llantos, ha situado en su lugar a Iglesias sin posibilidad de mudanza. Un tonto mentiroso no puede mudarse a los espacios de los mentirosos listos, que eran los preferidos de Lenin.

Es falso los que defienden a los que no tienen sentido del humor e ironía. «El humor no es de derechas ni de izquierdas». Desacierto. Las izquierdas son infinitamente más dogmáticas y fáciles de llevar, como un rebaño de ovejas, hacia la mentira total desde el aburrimiento.

El humor es un lujo mucho más instalado en la Cultura –con mayúscula-, de las derechas, que saben reírse de sí mismas.

En España, el humor es conservador, liberal y letrado. Escritores con juvenil humor de la izquierda evolucionan hacia la derecha a medida que sus mentes se enriquecen con el sentido del ridículo y lo abandonan. Todos cruzaron el muro de Berlín, excepto uno, Miguel Gila, que lo hizo al revés, más por motivos económicos que por impulsos ideológicos. Gila mintió mucho. Presumió de haber sobrevivido a un pelotón de ejecución que no existió. Se marchó de su casa abandonando a su primera mujer, y esta le reclamó un dineral. Entonces, se refugió en Argentina. No en Cuba, sino en Argentina. La Argentina de la Junta Militar, de Videla, Galtieri y Massera. Huyó de sus deudas con su mujer, no de la España franquista, que siempre lo mimó.

Antonio Mingote, Manuel Alcántara y Gustavo Pérez Puig, cenaban en el 'Salvador' de la calle Barbieri una noche a principios de junio. Entró Gila en el local, pálido, amarillento, desencajado. –Me persigue la Policía del régimen para detenerme–. Efectivamente, poco después irrumpió en el local un comisario de Policía acompañado de una pareja de la Policía Nacional, uniformada de gris. Gila temblaba como un flan. El comisario, muy amablemente, se quejó ante Gila mientras le entregaba un sobre. –Don Miguel, nos ha costado mucho averiguar su paradero. Tenemos orden de entregarle esta invitación especial de la Casa de Su Excelencia el Generalísimo, para que tenga la bondad de actuar ante S.S.E.E y sus invitados la noche del 18 de julio en el Palacio de la Granja. Buenas noches, don Miguel y compañía–. Y se fueron.

Porque los monólogos, muchos de ellos geniales, de Gila, divertían sobremanera a Franco y doña Carmen. Y el perseguido por el régimen actuó durante la noche del 18 de julio, fue receptor de un valioso regalo y, al final, Franco y su mujer se acercaron a él para felicitarlo: –Ha estado usted tan graciozo como siempre–, le dijo Franco. –No, Paco, ha estado más gracioso que nunca–, remachó doña Carmen. Un humor perseguido.

El humor de la izquierda, hoy en día, es un humor involuntario. La gente no sonríe con su ingenio, sino con su torpeza. Mienten tan mal y se les ve el plumero con tanta facilidad, que sus mentiras se celebran con alborozo. Afortunadamente para ellos, Lenin no está para ordenar su fusilamiento por tontos. Pero lo de las balas ha superado cualquier marca anterior. ¿Se figuran a Iglesias improvisando un epigrama genial durante una cena? ¿Se figuran a Garzón narrando una anécdota divertida? ¿Se los figuran mintiendo? No es necesario el esfuerzo de la figuración. Es lo único que hacen, pero lo hacen tan mal que han convertido la mentira en un escape hacia el humor.

Lo de las balas, a mi entender, ha sido graciosísimo.

  • Publicado en la web de Alfonso Ussía el 27 de abril de 2021
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