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27 de febrero de 2024

En primera líneaEmilio Contreras

Nueve meses de soledad

Algo ha empezado a cambiar. Los barones socialistas han pasado de aplaudir a Sánchez a marcar distancias. Se impone el instinto de supervivencia ante las derrotas que vaticinan los sondeos el 28 de mayo

Actualizada 01:30

Hace años que Pedro Sánchez perdió la calle, y hace meses que empezó a perder el apoyo incondicional de los barones. Nos está llegando la vieja imagen del abandono del barco cuando se abre una vía de agua. Es un cambio sorprendente porque nadie se había atrevido hasta ahora a criticar al dirigente con más poder interno en la historia del PSOE. Ningún secretario general, incluido Felipe González, ha ejercido su puesto tan libre de crítica y oposición, porque ninguno descabezó con tanta contundencia a cualquier sospechoso de no ser incondicional.
Pedro Sánchez ha demostrado ser implacable con quienes le contradicen o le estorban. Y ahí están los ejemplos de Iván Redondo, el poderoso jefe de máquinas de la presidencia del Gobierno; Carmen Calvo, vicepresidenta primera, o José Luis Ábalos, ministro de Fomento y secretario de Organización del PSOE. Calvo y Ábalos fueron compañeros leales de Pedro Sánchez durante la travesía del desierto: desde que se vio forzado a dimitir de la Secretaría General del partido en octubre de 2016 hasta que la recuperó en mayo del año siguiente. Los tres, y no son los únicos, fueron despedidos sin contemplaciones cuando Sánchez consideró que ya no le eran útiles.
Pero algo ha empezado a cambiar. Quienes llevaban toda la legislatura guardando un silencio reverencial han comenzado a alzar la voz, en parte por instinto de supervivencia y, en parte, porque le han perdido el miedo.
Ximo Puig, por las restricciones del Gobierno al trasvase Tajo-Segura, y Javier Lambán, Emiliano García Page y Luis Tudanca, por las cesiones a los separatistas catalanes. No obstante, la revuelta más llamativa y poco comentada en los medios ha sido la de Francina Armengol, una de las más fervientes seguidoras del presidente. Aunque fue hace un año cuando Sánchez cedió a las pretensiones de Marruecos sobre el Sahara, ha sido ahora cuando la presidenta balear ha decidido criticarlo, y ha dado su apoyo a un manifiesto interno propiciado por Odón Elorza. Un desmarque para atraer el voto reticente de la izquierda.
La primera imagen de la deserción llegó de Sevilla, cuando ninguno de los barones, salvo Fernández Vara, quiso acompañar a Sánchez en el aniversario de la victoria de Felipe González en 1982. Y en enero supimos que la convención autonómica del partido, prevista para abril, se retrasaba hasta después de las elecciones de mayo. Habrá una convención municipal porque los barones no son candidatos a alcaldes y quedarán en segundo plano. Evitan la foto con él.
Ilustración: Sanchez soledad

Lu Tolstova

¿Por qué los dirigentes socialistas alzan ahora la voz tras años de silencio? Porque están aterrados por lo que adelantan todos los sondeos –menos los del CIS, claro– sobre las elecciones de este año, y empiezan a distanciarse del presidente.
El probable fracaso electoral socialista no solo se debe a la sumisión y colaboración con separatistas y abertzales. También obedece al alejamiento de la socialdemocracia, tras el pacto, en enero de 2020, con populistas y comunistas, enemigos históricos del Partido Socialista. Y hay que recordar a los barones que ellos apoyaron ese giro letal del PSOE, y no dijeron ni una palabra en contra. Al revés, algunos lo aplaudieron, como revela la siguiente conversación, rigurosamente cierta. Al terminar el 40 congreso del partido en febrero del año pasado en Valencia, una de sus dirigentes autonómicas coincidió en el avión de regreso con una amiga. Hablaron de política, y con cierta retranca la amiga le dijo que el PSOE le parecía tan conservador que debían haber invitado al acto de clausura a Nicolas Sarkozy. Respuesta de la baronesa: «Pero hemos invitado a Felipe González, que es lo mismo».
Algunos barones tratan de endosar a Sánchez la responsabilidad de su probable fracaso electoral en mayo, aunque ellos apoyaron con mansedumbre lanar el alejamiento de la socialdemocracia y el pacto con los separatistas. Olvidaron que nunca, desde su fundación en 1879, el PSOE ha tenido mejores resultados electorales que los que logró González en 1977, 1979, 1982, 1986 y 1990. El mejor resultado de Zapatero en 2004 fue de solo cinco escaños más que el peor de González en 1993. La experiencia demuestra que cuando el PSOE se aleja de la socialdemocracia también se aleja del poder.
Pero no sólo se alejan los barones; también los votantes. Lo hicieron en Madrid en mayo de 2021 y en Andalucía en junio del año pasado. Por primera vez en 46 años ha habido un trasvase significativo de votos del bloque de la izquierda al de la derecha. Y por primera vez también un presidente no se atreve a destituir a dos miembros de su Gobierno, Irene Montero e Ione Belarra, que le desobedecen y le hacen frente públicamente. Esta es su mayor muestra de debilidad.
Al pacto con los separatistas y al alejamiento de la socialdemocracia se han sumado el desastre de la ley del 'sólo sí es sí', los trenes que no caben por los túneles, el colapso de la Seguridad Social, el bloqueo en los juzgados por la huelga de los letrados o el escándalo de corrupción y prostíbulos de Tito Berni. El PSOE acumula demasiados titulares negativos. Pero no solo los titulares son negativos, lo son también los sondeos, y los barones han comenzado a alejarse de Pedro Sánchez. En pocos meses han pasado de aplaudirle a marcar distancias. El proceso de abandono está empezando a dar la cara.
Al otoño del presidente le esperan nueve meses de soledad.
  • Emilio Contreras es periodista
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