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19 de abril de 2024

En primera líneaCarlos de Urquijo

Modesto Carriegas

Lo que verdaderamente colocaron a Modesto en su pecho hace casi medio siglo, no fue la cruz gamada que ellos han pintarrajeado en su placa, sino una estrella de David que le condenaba a muerte

Actualizada 01:30

A sabiendas, me repito hoy sobre la cuestión de fondo de mi último artículo. Quiero hablarles de Modesto Carriegas, probablemente muchos de los que lean estas líneas no sepan quién fue. Dos pinceladas sobre su biografía y después les explico por qué hablo de él. Modesto nació en el municipio vizcaíno de Arcentales en 1932, trabajó en Banca, se casó, se instaló en Baracaldo y con su mujer, que aún vive, formaron una familia con cinco hijos. Uno de ellos, Rafa, buen amigo mío, fue durante unos cuantos años, seguro que como homenaje a su padre, concejal del PP en Baracaldo y diputado en el Congreso.
La cuestión es que Modesto, además de ser empleado de Banca, tenía preocupación por la violencia que asolaba las calles del País Vasco cada día en aquellos años de plomo así que, en las elecciones de marzo de 1979, decidió dar un paso al frente y ocupó el puesto número dos en la candidatura por Vizcaya de Unión Foral del País Vasco, una coalición formada por varios partidos de centroderecha. Semejante atrevimiento, como ocurriría posteriormente en los noventa, podía pagarse con la vida. Y en su caso así fue, seis meses después, el 13 de septiembre, unos terroristas de ETA le asesinaron en el portal de su casa descerrajándole cuatro tiros cuando se dirigía a su trabajo. Por cierto, su asesinato, como el otras trescientas setenta víctimas más, sigue, y así quedará, impune.
Ilustración: modesto

Paula Andrade

¿Por qué le dedico hoy estas líneas? Pues por un hecho que me ha llenado de pena, pero sobre todo de rabia e indignación. El pasado uno de febrero, la sencilla placa colocada por el ayuntamiento de Baracaldo en el lugar en el que fue asesinado, aparecía vandalizada con una cruz gamada. Es difícil comprender qué puede pasar por la mente de los autores de semejante acto. No se entiende que, casi cuarenta y cinco años después de haber sido asesinado, el odio y la ignorancia sigan enraizadas con la misma fuerza de entonces. Solo encuentro una explicación, nuestro sistema educativo, los medios de comunicación y los partidos políticos nacionalistas que durante casi medio siglo han dirigido la vida pública vasca, no han hecho lo que debían.
No solo se opusieron a todas las medidas aprobadas por nuestro Estado de derecho para acabar con ETA, sino que se han negado a poner en marcha un plan integral para erradicar el odio de nuestra sociedad. Y no solo eso, tampoco han querido acabar con la ignorancia de las nuevas generaciones a las que, en todo caso, cuando se les habla en las aulas de aquellos años, se les explica que la violencia que padecimos durante cincuenta años fue consecuencia de un conflicto entre el País Vasco y España. Con estos mimbres los resultados no son de extrañar.
El hecho que acabo de relatar, o los 466 actos de apoyo a ETA denunciados por COVITE en 2023, quizá sea ya para algunos una nimiedad. Travesuras de chavales revoltosos o ignorantes, pero no, es mucho peor que eso y si no lo ven así es que nuestra degradación moral ha tocado fondo. Los autores de esta vergüenza no saben que lo que verdaderamente colocaron a Modesto en su pecho hace casi medio siglo, no fue la cruz gamada que ellos han pintarrajeado en su placa, sino una estrella de David que le condenaba a muerte. A mí, lo sucedido, además de indignarme, solo me hace sentir vergüenza de ser vasco.
  • Carlos de Urquijo fue delegado del Gobierno en el País Vasco
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