Los tambores de guerra son tambores de paz
Si durante la Guerra Fría la URSS reculó a sus cuarteles, hoy Rusia, China o Irán –sin segunda Guerra Fría– hacen lo propio. ¿Que Estados Unidos quiere hoy conservar la supremacía internacional? ¿Acaso quieren ustedes que la supremacía sea de Rusia o China? ¿La Unión Europea? Sin noticias
En 1951, en los inicios de la Guerra Fría, el Gobierno norteamericano repartió en las escuelas un folleto titulado Survival Under Atomic Attack (Supervivencia bajo un ataque atómico o Manual de supervivencia en un ataque atómico). Posteriormente, en 1980, el historiador británico E.P. Thompson –en el punto álgido de la Guerra Fría– editó un volumen colectivo titulado Protest and Survive que fue traducido al español con el nombre Protesta y sobrevive (1983). Ambos documentos –un folleto y un ensayo dirigidos a la ciudadanía– pertenecen al género de la literatura tremendista.
El primero, especula detenidamente sobre las posibilidades de sobrevivir a la explosión de una bomba y de las probabilidades de ser herido. Concluye que «estas estimaciones son válidas para bombas atómicas modernas lanzadas sin aviso» y si ustedes están «más allá de las dos millas, la explosión no causará casi ningún fallecimiento».
El segundo, firmado por historiadores y economistas de reconocido prestigio internacional en el ámbito de la izquierda comunista o neocomunista de la época –E. P. Thompson, Mary Kaldor, Manuel Sacristán, Alva Myrdal, Jost Herbig o Wolfgang Harich, entre otros–, nos habla del «olor a chamusquina», del «riesgo de guerra mundial», de un arma que «no tiene ninguna función disuasoria» o de una «amenaza de Occidente… que se ha convertido en una legitimación necesaria del poder de la élite dominante… y en un argumento para aislar y silenciar a los críticos de su propio país».
La Guerra Fría se disolvió y la amenaza de la catástrofe desapareció. ¿Cuál fue el elemento fundamental de la paz y el desarrollo que aparece después de la Guerra Fría? El Pershing II. Ese misil –con alcance hasta el oeste de la URSS y ojiva termonuclear– que los Estados Unidos instala en la República Federal Alemana para responder a los misiles SS-20 que la URSS había alojado en la República Democrática Alemana y en Checoslovaquia.
La cosa es tan clara como lo que a continuación sigue: el misil nos protegió de la amenaza comunista al garantizar la libertad, la democracia y el quehacer de los ciudadanos occidentales. Y el propio misil, por medio del filósofo francés André Glucksmann, toma la palabra: «Protesto. Las frases desagradables llueven sobre mí. Se me imputan vuestras guerras futuras. ¿Acaso no soy el fruto de todas las violencias acumuladas a lo largo de las edades? Nacido de las esperanzas defraudadas de la paz, me eternizo decepcionando las esperanzas de la guerra. Existo porque las guerras existen previamente. Todo ser que se atreve a mirarme de hito en hito se ve enfrentado con una situación límite en la que la elección final sería la de sus muertes: tú disparas y/o recibes. La disuasión es el entendimiento de los que no se entienden» (La fuerza del vértigo, 1983).
Gracias a la Guerra Fría —gracias al misil— se mantuvo la paz. A veces, la disuasión gana la partida a la distensión. A veces, la amenaza de guerra mantiene la paz.
Hoy, 43 años después del Pershing II, otro misil –la intervención de Estados Unidos en Venezuela y lo que pueda venir– ha garantizado la paz y ha neutralizado el tremendismo. Algo más: adiós a un dictador y una dictadura brutales que han sido blanqueados –sin vergüenza por lobistas, oportunistas, cínicos y aprovechados– por la izquierda durante décadas. Hoy: ni la bomba nos persigue, ni huele a chamusquina. El nuevo misil, como el primero, disuade. Los críticos de hoy –el progresismo reaccionario y la izquierda vanidosa– son tan incordiantes como los de entonces. Si durante la Guerra Fría la URSS reculó a sus cuarteles, hoy Rusia, China o Irán —sin segunda Guerra Fría— hacen lo propio. ¿Qué Estados Unidos quiere hoy conservar la supremacía internacional? ¿Acaso quieren ustedes que la supremacía sea de Rusia o China? ¿La Unión Europea? Sin noticias. Ni rearme ideológico ni rearme militar. Me temo que en la Unión Europea –especialmente en algunos estados– todavía está viva la teoría sesentayochista de la perfidia norteamericana.
A los ingenuos –a los de verdad que creen en la cultura de la paz y la no violencia y no a los hipócritas que aprovechan la coyuntura para pescar en río revuelto con la excusa de la búsqueda de una paz universal que ni existe ni existirá y nos puede conducir a la paz del cementerio–, que buscan una alternativa pacifista, les brindo una cita del ensayo De la guerra, del clásico Carl von Clausewitz: «A las almas filantrópicas que podrían fácilmente pensar que hay una manera artificial de desarmar o derrotar al adversario sin causar demasiadas heridas… [conviene recordarles que], por bien que suene esto, hay que destruir semejante error, porque en cosas tan peligrosas como la guerra aquellos errores que surgen de la bondad son justamente los peores».
A veces, los tambores de guerra son tambores de paz. La paz no es un valor absoluto; los valores absolutos son la libertad y la vida digna.
- Miquel Porta Perales es escritor