Más que nunca: ¡Viva el Rey!
Esos partidos, de hecho, no apoyan a la Corona. Van a buscar que el Rey comience también a perder apoyo entre nosotros, los demócratas constitucionalistas. Para ello el Gobierno va a ir poniendo a D. Felipe ante situaciones que puedan no ser muy bien comprendidas por sus partidarios
Cuando Zapatero llegó al gobierno, con la ayuda del atentado más cruel y sangriento de nuestra historia, lo hizo con la idea predeterminada y tratada con la ETA, de alcanzar un régimen en el que las llamadas derechas quedasen fuera del juego político de la nación; expulsadas. Para ello lo primero que necesitaba era romper con el consenso existente en relación con la lucha antiterrorista. Hasta que él llegó, los españoles sabíamos que gobernasen unos u otros, la lucha antiterrorista sería inalterable; con ese principio básico era difícil expulsar a media España de la vida pública porque sus dos mitades estaban de acuerdo en saber contra quién había que luchar. Zapatero necesitaba romper ese acuerdo político para iniciar su cambio de régimen porque le anclaba a la Transición.
Desde julio de 2000 hasta el 2006, el PSOE estuvo trabajando junto a ETA en el diseño de un nuevo andamiaje político que denostase la Transición, desmontase el modelo territorial comenzando por Cataluña, y expulsara de la vida política a los partidos constitucionalistas. Ahora, con Pedro Sánchez ese programa pactado avanza en su desarrollo en pos de un cambio de régimen por la puerta de atrás o mediante lo que se llama un golpe de Estado moderno.
Ese es el escenario en el que nos encontramos los españoles, los partidos políticos y, por supuesto, S.M. el Rey; que se halla en una endiablada situación porque el cambio de régimen que pretenden pasa por la supresión de la Corona. Y ante todo eso, el Jefe del Estado tiene el margen de actuación que le permite la Constitución, y no otro, a la que se debe y a la que está respetando de forma admirable y prudente; no puede extralimitarse en sus funciones.
El Rey no tiene libertad de acción. Todas sus facultades se definen y desarrollan expresamente en la Constitución a lo largo de los diferentes títulos de la misma; todas menos una. En las relaciones internacionales asume «la más alta representación». No asume la política internacional, que corresponde al Gobierno como especifica el art. 97 cuando dice que «El Gobierno dirige la política interior y exterior». O cuando en el art. 93 habla de los tratados internacionales. Nada de eso le compete al Rey, que nos representa, punto.
Decía que hay una función que ni se explica, ni matiza, ni se describe en los distintos títulos y capítulos, porque es taxativa. Es la que indica el artículo 62 – A. «Corresponde al Rey: Sancionar y promulgar las leyes». No hay matizaciones, el Rey no puede en ningún caso decidir que no sanciona una ley. La Corona no está por encima del Poder Legislativo; eso no sería democrático. Si el parlamento aprueba una ley de amnistía, por ejemplo, el Rey no puede no sancionarla; eso sería ir en contra de la soberanía popular. Esto es muy relevante porque si tiene como limitación lógica nuestra soberanía, no podemos exigirle que nos solucione problemas que nos competen a los ciudadanos. Al ataque a la soberanía nacional que sufrimos por parte de los integrantes del frente populista, tenemos que hacerle frente los titulares, los dueños, de esa soberanía atacada; nosotros. La soberanía es nuestra y a nosotros nos corresponde su defensa, así como la de una institución de la que nos dotamos democráticamente; la Corona. Endosar nuestro trabajo a un tercero es algo tan español como tirar piedras sobre nuestro propio tejado; máxime cuando el Rey ni puede, ni debe hacerlo.
Nos encontramos en España ante una situación de extrema y preocupante gravedad política, en la que el Rey está llamado a jugar un papel fundamental, el «ser símbolo de su unidad y permanencia»; una función que todos debemos entender y comprender. El Rey lo es de todos los españoles y no puede caer en la trampa de la confrontación entre ciudadanos que quieren imponer los partidos que sustentan al actual gobierno; sería un juego muy peligroso, ya que se podría interpretar que Don Felipe apoya a unos españoles frente a los otros. Estoy convencido de que tuvo que hacer de tripas corazón, por ejemplo, para sentarse en la apertura del año judicial junto al imputado fiscal general; pero es que él también es el Rey de todos los jueces y fiscales, no los puede abandonar. Del mismo modo que va a Paiporta o al escenario de los incendios para estar cerca de la gente, está junto a todos los jueces y fiscales en estos momentos.
Ya sabemos que los partidos que conforman el frente populista, el del Gobierno y sus socios, no son partidarios ni de la monarquía, ni del régimen del 78 y que además están llevando a cabo el plan antes mencionado para un cambio de régimen; en resumen que esos partidos, de hecho, no apoyan a la Corona. Van a buscar que el Rey comience también a perder apoyo entre nosotros, los demócratas constitucionalistas. Para ello el Gobierno va a ir poniendo a D. Felipe ante situaciones que puedan no ser muy bien comprendidas por sus partidarios. Viajes de Estado a ciertos destinos, discursos preparados también por el ministerio etc. Nosotros no debemos caer en esa trampa calculada por el frente populista. No debemos dejarnos engañar y aflojar en nuestro apoyo y fiel lealtad al monarca ante celadas y estrategias que tan solo buscan dividirnos y debilitar al Rey. No podemos dudar de él, eso sería picar como pardillos en el anzuelo socialista. Aunque esto, lamentablemente, es algo que ya he comenzado a ver y que ha motivado este artículo.
Pedro Sánchez demuestra ante el Rey la misma ofensiva falta de respeto que hacía el Senado y la democracia. Le ignora, no acude a despachar, le abandona en viajes, un feo tras otro que se añaden a lo de ponerle ante situaciones comprometidas de manera artera y sibilina. Mientras tanto, un siniestro dúo pone en práctica el espectáculo vergonzoso para los españoles de ir por el mundo representando dos papeles; Zapatero, el de presidente de una supuesta república, sobre todo en algunos viajes internacionales, y Sánchez el de jefe del Gobierno de la misma. Pongámonos en guardia frente a ese obsceno y peligroso juego. ¿Se imaginan a ese par de sujetos juntos ejerciendo de verdad esas funciones?
Los venezolanos ni tenían, ni tienen rey, y llevan los pobres veinticinco años ya, sufriendo una cruel dictadura socialista. Pensemos ahora en nuestros hijos y nietos, levantémonos entonces de la butaca y salgamos con ellos a la calle, ahora más que nunca, al grito de: ¡Viva el Rey!
José Antonio García-Albi Gil de Biedma es empresario