PP-Vox, una gran coalición
Salvo el cálculo o la ambición personal, no encuentro una sola razón que impida intentar el acuerdo para presentarse a las próximas elecciones generales con una coalición ganadora entre los dos grandes partidos a la derecha del PSOE
Terminé hace un par de semanas la lectura de Una verdad incómoda, un magnífico libro en el que, a modo de brújula, Mayor Oreja nos orienta sobre cómo hacer frente a las dos grandes amenazas a las que, especialmente desde hace dos décadas, se enfrenta nuestra nación: La izquierda antiespañola y el separatismo vasco y catalán. En sus últimas páginas, creo que voluntariamente, deja sin despejar la incógnita de la fórmula política sobre la que articular la respuesta a este desafío. Sin ser un experto en demoscopia, me atrevo a proponer una que creo muchos saludarían con alivio y esperanza.
La gran victoria electoral del PSOE en octubre de 1982 supuso el descalabro del principal partido protagonista de la Transición, Unión de Centro Democrático. Este partido, además de estar formado por un conjunto de personas preparadas y bienintencionadas, al ser una amalgama ideológica, estaba condenado a desaparecer tras cumplir su función. UCD fue sustituida básicamente por Alianza Popular, pero D. Manuel Fraga era consciente, a pesar de su éxito, de que mientras la derecha no concurriera unida a las elecciones, tendríamos socialismo para rato. Así, en el congreso de Alianza Popular de marzo de 1990, decidió ceder el testigo a José María Aznar para que, uniendo a todo lo que estaba a la derecha del PSOE, fundara el Partido Popular, una decisión que tan solo seis años después demostró ser la fórmula adecuada para convertirse en alternativa al PSOE.
El desafío al que se enfrenta hoy España es de mucha mayor envergadura que el de la década de los noventa. Frente a la amenaza permanente de un frente popular que no duda en pactar con ETA y con los golpistas de Cataluña para destruir España, nos encontramos con que no existe para combatirla una alternativa fuerte y unida que asegure su derrota. Es más, las dos formaciones llamadas a protagonizar la alternativa, se pelean entre ellas, tratando la una de sustituir a la otra, olvidando que esa estrategia solo favorece a los enemigos de España.
La gravedad del momento exige generosidad en el modo de hacer política. Los españoles demandamos un proyecto integrador de la nación que busque la regeneración de nuestras instituciones y de los poderes del Estado. Se trata nada menos que de reconstruir nuestra democracia y nuestro Estado de derecho. Es necesario un proyecto honrado, alejado de la corrupción y que defienda los valores que hicieron de España una gran nación y, sobre todo, un proyecto que trabaje por la concordia y destierre definitivamente el insoportable nivel de enfrentamiento que padecemos hoy.
En otras circunstancias, una gran coalición de la derecha quizá no tuviera sentido, pero el momento actual demanda de los presidentes del PP y de Vox la talla y la generosidad suficiente para ofrecer a los españoles, si no es posible una confluencia como la de 1990, sí al menos una coalición electoral que permita formar un gobierno que solo piense en el bien de España y de los españoles. Salvo el cálculo o la ambición personal, no encuentro una sola razón que impida intentar el acuerdo para presentarse a las próximas elecciones generales con una coalición ganadora entre los dos grandes partidos a la derecha del PSOE. Aunque la investidura fallida en Extremadura no haya sido un buen augurio, estoy convencido de que muchos españoles votarían con ilusión y con agrado esta fórmula. Ojalá Feijóo y Abascal compartan esta inquietud y se pongan manos a la obra para lograrlo.
- Carlos de Urquijo fue delegado del Gobierno en el País Vasco