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en primera líneaGonzalo Cabello de los Cobos

Y Florentino se quitó la careta

Da igual si se está o no de acuerdo con lo que dijo. La diferencia es que la mayoría comenta esas cosas en el bar o en el sofá de su casa, mientras que él decidió hacerlo siendo presidente del Real Madrid y delante de un micrófono

Me gusta el fútbol, sobre todo cuando la tele está apagada y no lo estoy viendo. No sé, con los años he ido perdiendo la afición poco a poco y ahora apenas queda algún rescoldo que se reactiva a partir de los cuartos de final de la Champions o del Mundial. Tengo la sensación de que el fútbol que yo viví de pequeño poco o nada tiene que ver con el de hoy. Pero bueno, si alguien me pregunta, soy del Real Madrid. Tampoco hace falta ponerse tan dramático.

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El Debate (Asistido por IA)

Lo que sí me gustan son los espectáculos. Y estarán conmigo en que la rueda de prensa del presidente del Real Madrid, Florentino Pérez, fue una maravilla. No entiendo la indignación generalizada ante la comparecencia de una persona que lleva más de dos décadas al frente de una institución y que, por primera vez en muchísimo tiempo, salvo por aquellos fantásticos audios «robados», tolilis mediante, se permitió hablar como algo más que un cargo.

A muchos se les llena la boca criticando que los políticos nunca abandonan el personaje. Y es verdad. Hasta las supuestas declaraciones espontáneas en la calle suelen estar preparadas. Y lo digo porque lo sé, no porque me lo hayan contado. Salvo contadas excepciones, gente con la seguridad suficiente como para hablar sin red, la norma general es que todos lean lo que sus respectivos gabinetes o asesores les han escrito previamente. Son bustos parlantes: aburridos y previsibles.

Eso tiene ventajas e inconvenientes. La ventaja es evidente: si no te apartas del guion, corres pocos riesgos. El problema es que el resultado acaba siendo profundamente artificial. Resulta casi cómico escuchar a políticos distintos repetir las mismas frases de argumentario como si estuvieran recitando el catecismo.

Por eso disfruto tanto cuando alguna figura pública rompe esa dinámica. Me imagino al director de comunicación de Florentino Pérez caminando por la cornisa desde hace días, pero, insisto, que alguien como el presidente del Real Madrid comparezca ante los medios como él lo hizo solo debería alegrarnos.

Hay algo profundamente relajante en ver a una persona con tantísimo poder dejar de hablar como una institución y empezar a hablar como un ser humano. Porque para llegar al punto de ignorar a todas las personas que se dedican a proteger tu imagen, que deben de ser muchas, hay que estar muy cansado o muy seguro de sí mismo.

Me imagino a Florentino Pérez agotado de medir cada palabra, de calcular cada gesto y de vivir permanentemente encerrado dentro de un personaje, sobre todo cuando se le somete a escarnio público prácticamente a diario. Y supongo que, en algún momento, debió de pensar algo muy parecido a: «¿Y por qué tengo yo que aguantar esto?».

Y precisamente por eso aquella rueda de prensa tuvo interés. Porque, por una vez, daba la sensación de que no estaba hablando el presidente del Real Madrid, sino una persona diciendo exactamente lo que le daba la gana, sin que nadie hubiese pasado antes sus palabras por el filtro de la prudencia o el argumentario.

Hemos aceptado que todos los personajes públicos se coloquen una máscara antes de dirigirse a la audiencia. Hemos normalizado tanto la impostura que, cuando alguien decide apartarse un poco del papel y decir lo que realmente piensa, la reacción inmediata es escandalizarse.

La verdad de Florentino Pérez, en el fondo, es bastante sencilla. Piensa exactamente igual que muchos aficionados: que hay jugadores egoístas, otros bastante cortos y que algunos directamente son unos «tolilis». O, como explicó en la rueda de prensa, que determinados medios y periodistas mantienen una evidente hostilidad hacia el Real Madrid por motivos personales y no profesionales. O que el llamado «Caso Negreira» constituye un escándalo de dimensiones colosales que merece ser investigado hasta el final.

Da igual si se está o no de acuerdo con lo que dijo. La diferencia es que la mayoría comenta esas cosas en el bar o en el sofá de su casa, mientras que él decidió hacerlo siendo presidente del Real Madrid y delante de un micrófono.

Y quizá por eso aquella rueda de prensa tuvo tanta gracia. Porque, por una vez, alguien importante dejó de interpretar el personaje.

Y eso, hoy en día, casi resulta revolucionario.

  • Gonzalo Cabello de los Cobos es periodista
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