El Rey Carlos III y los EE.UU.
Ante la bravuconada trumpista de que si no fuera por EE.UU. Europa hablaría alemán, el Rey le plantó que si no fuera por nosotros, los EEUU hablarían francés. Genial. O cuando aludió a que para él doscientos cincuenta años eran como el día de ayer frente a la historia de los Estados Unidos
Quisiera empezar manifestando mi sorpresa ante el contenido del viaje del Rey Carlos III de Inglaterra a los Estados Unidos para la celebración yankee de los 250 años de independencia. Lo cierto es que, visto el papel del Principe Charles en la larguísima vida de su madre, la Reina Isabel, un servidor no había reparado quizás en su capacidad de soltarle algunas collejas al presidente Trump en sus propias narices y con un sentido del humor elegante, que es lo que más duele.
Ante la bravuconada trumpista de que si no fuera por EE.UU. Europa hablaría alemán, el Rey le plantó que si no fuera por nosotros los EE.UU. hablarían francés. Genial. O cuando aludió a que para él doscientos cincuenta años eran como el día de ayer frente a la historia de los Estados Unidos.
Habló de que jamás se olvide el atentado del 11 de septiembre en Nueva York del cual se cumplen 25 años con implícito mensaje al terrorismo islamista y del apoyo a la defensa de Ucrania y sus valientes gentes, con un claro mensaje también a la necesidad de una OTAN poderosa, reforzando nuestros lazos y capacidades frente a las amenazas de Trump, y todo ello poniendo cada vez en pie a los congresistas americanos y con el presidente Trump tragando.
Pero lo que más me impactó fue la defensa y condición de la fe cristiana como un canto de la luz frente a la oscuridad con de nuevo el Congreso puesto en pie, por lo cual debo permanecer atento a la pantalla invitando a los lectores que hagan lo mismo porque está habiendo un movimiento de exaltación del cristianismo que se va a multiplicar pues es planetario en defensa y protección de la cristiandad como aquella condición básica que une a la gran mayoría de los habitantes del mundo sin distinción de continentes o bloques de poder.
Siempre desde mis estudios en Cambridge y a lo largo de mi vida profesional atenta a la historia y la cultura he tenido una relación ambigua, dudosa y enigmática con los ingleses y el mundo británico pues detesto su prepotencia, sus valores morales, sus maneras y hasta su higiene, pero tengo que reconocer sin duda alguna su capacidad para alcanzar gestas y descubrimientos y su papel en la investigación en el mundo desde Darwin a Livingstone, de Newton a Stephen Hawking o de Shakespeare a Oscar Wilde.
Y de todo ello lo más sorprendente es la capacidad que siempre han tenido de adjudicarse primero el protagonismo, después comunicarlo al mundo con sello de pertenencia y proteger a muerte su autoría, aunque en algunas cosas no lo fueran o fuera muy matizado.
Tampoco han sido un prodigio con su egoísmo y soberbia en la culturización de todas sus colonias en el mundo puesto que al marcharse para independizarlas no han dejado nada en los nativos salvo conducir por la izquierda, contar en millas, yardas y pulgadas y sobre todo el idioma inglés.
Por otra parte son valientes hasta el sacrificio máximo, defienden su isla con uñas y dientes, jamás nadie ha conseguido invadirlos mordiendo rabiosamente la yugular a todo aquél invasor que ha intentado someterles, y ello me ha asombrado siempre en relación a otros pueblos o países que a la primera que se han visto amenazados o forzados a abandonar sus pertenencias o protagonismos de la historia y cultura, han soltado lastre y abandonado a su suerte los destinos de territorios o comunidades afectadas.
No creo que deba aclarar más a los lectores a qué y quiénes me estoy refiriendo y mucho nos debería pesar a los españoles.
El Rey Carlos III, a mi entender, ha dado una lección de elegancia, ha dicho con un humor muy inglés las verdades del barquero al bandido presidente americano con valentía y defendiendo inequívocamente la procedencia de los Estados Unidos, aunque una vez más España ha estado desaparecida y ni se la ha esperado en la escena, pese a haber sido los primeros y más antiguos pioneros de tan vasto territorio, habiendo en la actualidad más de ochenta millones de hispanos en su censo y creciendo exponencialmente.
Deberíamos tomar buena nota del camino que necesitamos seguir con el orgullo de españoles y auténticos protagonistas de la historia desde Roma, con nuestro Rey Felipe VI y su madura Familia Real representando con su estatura física y moral orgullosamente a España en el mundo, con José Luis López Linares difundiendo sus documentales, todos nuestros maestros de la ciencia, la cultura, el deporte y los valores humanos paseando su excelencia por doquier, los que tenemos la suerte de poder escribir y que alguien nos lea machacando a diario las bondades, capacidades, logros y prestigio del pueblo español y toda la ciudadanía detrás empujando.
Una vez liberados de las cadenas y los bandoleros que hoy día nos aprisionan, con seguridad iremos a por ello.
- Mariano Gomá es presidente del Foro España Cívica