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Ojo avizorJuan Van-Halen

Del covid al hantavirus

Hablando de ministros, es deplorable que ni el presidente ni ninguno de sus ministros asistiesen al funeral de los dos guardias civiles, uno de ellos capitán, muertos persiguiendo a narcotraficantes. El presidente no quiere que se le asocie con lo que no le suma. Se muestra ajeno. ¿Miedo a los abucheos? También

España es un país encantador, pero, como en los cuentos de hadas, hay encantamientos de brujas, incluso de caníbales, como ocurría en el México que se encontró Cortés, al que tanto odia Claudia Sheinbaum, que no desciende precisamente de indígenas, con antepasados mexicas, tlaxcaltecas o totonacas. Sheinbaum y Sánchez comparten ciertas características. Así el afán de tapar sus miserias utilizando el pretexto que tengan a mano. En México para tapar la violencia desbordada y en España la corrupción rampante. Las enmascaran como pueden.

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La amenaza del hantavirus es buen ejemplo. Sánchez proclama en la campaña andaluza: «España está respondiendo con ejemplaridad y eficacia» y «somos un gobierno de soluciones». ¿Qué eficacia? ¿Qué ejemplaridad? ¿Qué soluciones? Pienso a menudo que se cree lo que dice. Resulta imposible un fingimiento tan arraigado y contumaz. La seguridad de Sánchez en lo que decide le hace vivir una realidad orwelliana, paralela, falsa. Asistimos a una exuberante exhibición de propaganda que ni siquiera superaría Goebbels. Miremos atrás, a la tragedia del covid-19. El resultado: 130.000 muertos. España es el segundo país con más víctimas mortales de Europa, acaso el primero de acuerdo con la población y la fiabilidad de las cifras. También Sánchez repitió en su día que habíamos sido los mejores contra aquel virus. Qué cosas.

El 13 de febrero de aquel año falleció en Valencia el primer contagiado por el covid-19, y ya se habían producido casos en Francia, Alemania e Italia. Las alarmas estaban ahí para quien quisiese verlas. Pero el Gobierno de Sánchez no podía prescindir de las manifestaciones del 8 de marzo, un feminismo de mera proclamación, y así nos fue. Lo prudente hubiese sido replanteárselo, pero con un experto como Fernando Simón no se podía llegar a más. «Sólo habrá dos o tres casos», tal cual. Y lo peor es que cuando sale un tipo en la tele y nos lanza una y otra vez un mensaje, lo creemos. Nos confinaron para que luego el Tribunal Constitucional sentenciase que los confinamientos eran ilegales. Y no pasó nada.

La movilización por el hantavirus ha resultado apoteósica. Se inició con el abandono del Gobierno de la Nación al Gobierno de Canarias. No hizo caso a las peticiones de Fernando Clavijo, presidente canario, que puso límites a la llegada y estancia del 'M.V. Hondius' en el puerto de Granadilla de Abona. Cuatro días sin atenderle. Las medidas de seguridad han sido pura propaganda. Cientos de guardias civiles, policías nacionales y locales y la UME. No seré yo quien critique las medidas de seguridad, pero ni en el crucero ni en la llegada a los aviones de otros países ni en su interior se montó ese tinglado, y tampoco entre los participantes no nacionales en el operativo, y con algún sucedido chusco: pillan y fotografían a un psiquiatra de Sanidad bajando de un microbús de la UME con un traje normal y sin protección alguna.

Los pasajeros de otras nacionalidades en el 'M.V. Hondius' estarán en sus casas desde su llegada a sus lugares de origen, una vez contrastado que no están afectados, aunque ya fueron examinados en el barco. Es lo que han declarado, por ejemplo, las autoridades francesas y norteamericanas. ¿Por qué esa parafernalia artificiosa que se ha montado? ¿Es que la OMS solo envía instrucciones a España? Ni lo sabemos ni lo sabremos. Ciertamente, se ha producido una alarma internacional, antes incluso de manifestar su opinión la OMS, y es comprensible tras la dura experiencia del covid-19, pero es evidente que la situación en nuestro país se ha sacado de quicio. Las teles, especialmente la que pagamos todos, han ofrecido hasta los más mínimos detalles, incluso de los pasillos del Gómez Ulla. Las cadenas de otros países no han filmado los interiores de sus aviones ni han recogido declaraciones de sus dirigentes. Es todo propaganda. Sánchez se agarra a lo que puede.

En Granadilla de Abona estaban y con sucesivas comparecencias tres ministros: Mónica García, Ángel Víctor Torres y Fernando Marlaska. Casi nada. Estaban rodeados por fuerzas de seguridad; así evitaban que los canarios les hiciesen llegar las opiniones que mostraban públicamente. Sólo faltaba Margarita Robles; allí estaba la UME. El ministro Torres recordaría el covid-19 Siendo presidente de Canarias recibía llamadas de Koldo para que comprase mascarillas. Como las recibió Armengol en su presidencia de Baleares; compró mascarillas que estaban almacenadas por inservibles. No creo en las casualidades en política. Ábalos, ministro de Transportes, no de Sanidad, había sido insólitamente designado por Sánchez para centralizar las compras de mascarillas, pero Koldo, su chico para todo, llamaba a Autonomías entonces regidas por el PSOE y en conversaciones de lo más familiar. Y luego, precisamente, Torres y Armengol fueron ascendidos. Un premio. ¿Qué había detrás y quién movía los hilos?

Hablando de ministros, es deplorable que ni el presidente ni ninguno de sus ministros asistiesen al funeral de los dos guardias civiles, uno de ellos capitán, muertos persiguiendo a narcotraficantes. El presidente no quiere que se le asocie con lo que no le suma. Se muestra ajeno. ¿Miedo a los abucheos? También. Contrasta con la participación de Sánchez, con tirantes a lo José Miguel Moreno Navarro, léase Gran Wyoming, en la celebración de los veinte años de El Intermedio. Participaron también los ministros Bolaños, Puente, Urtasun, Marlaska y Mónica García. No asisten a los funerales de funcionarios muertos en acto de servicio, pero sí a jalear al amiguete. Una vileza.

  • Juan Van-Halen es escritor y académico correspondiente de la Historia y de Bellas Artes de San Fernando
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