La URSS española y el Club de Pekín
España va camino de ser una república bananera incrustada en una Unión Europea en donde el servil y soberbio Pedro Sánchez –investido de antifascista, antitrumpista y pacifista– pacta con Xi Jinping un acuerdo «estratégico» que convierte España en un satélite del universo rojo
Karl Marx, en su trabajo Crítica del Programa de Gotha (1875), afirma que «en una fase más evolucionada de la sociedad comunista, después que ha desaparecido la subordinación de servidumbre de los individuos en la división del trabajo… después que con el desarrollo unilateral de los individuos han crecido también las fuerzas productivas y todos los manantiales de la riqueza colectiva fluyen en toda su plenitud, solo entonces el estrecho horizonte jurídico burgués puede ser superado, y la sociedad puede escribir en sus banderas: ¡de cada cual según su capacidad, a cada cual según sus necesidades!».
En 1989, el Muro cayó. Con él se derrumbó un sistema políticamente autoritario, socialmente opresivo, económicamente ineficaz, culturalmente represivo e ideológicamente intolerante. ¿La riqueza colectiva que fluye en toda su plenitud? ¿Las banderas que anuncian un mundo justo? Nada de nada. Fantasía. Mentiras. Despotismo. Eso fue/es el comunismo.
Sin el comunismo, la Humanidad se hubiera ahorrado una modalidad de totalitarismo y culto a la personalidad, la dictadura del proletariado, las checas, los campos de concentración y los trabajos forzados en Siberia, la supresión de la propiedad privada, el ineficiente capitalismo de Estado, la división de Europa, la Guerra Fría, las miserias del paraíso comunista, la hecatombe nuclear de Chernóbil o las dictaduras castrista, nicaragüense y venezolana. También, la creación de un denominado hombre nuevo y una sociedad nueva serviles. El comunismo fue/es eso. Con la caída del Muro y la desaparición del imperio soviético, los súbditos comunistas pasaron a ser ciudadanos libres y regresaron a la Historia.
En la España de nuestros días –la del dominio de Pedro Sánchez–, una parte de esa enciclopedia de las mentiras que es el comunismo se ha reeditado recuperando algunas de sus ideas como la invasión de las instituciones, el ataque a la propiedad privada, la nacionalización de la empresa privada o la existencia de una prensa que recuerda el Pravda leninista. Una renovada enciclopedia de las mentiras que se empeña en educarnos en la llamada democracia real, que dice representar a la clase trabajadora, que acomete al capitalismo, que sueña con nacionalizar la banca, que arremete contra un fascismo diseñado a la carta, que expende certificados de buena conducta, que sueña con una protesta/revuelta popular que se enfrente y venza a la derecha del fango.
El socialismo español que dice gobernarnos –oscuridad y perversión; autoritarismo, mentiras, enredos, acuerdos infames o corrupción–, corroído por el deseo de poder, ha ido tendiendo una alfombra a sus compañeros de viaje, de izquierdas y nacionalistas, hasta convertirlos en vasallos.
Para satisfacer –también, para beneficiarse y agradarse– a esos parias de la política –la pandilla comunista y la cuadrilla nacionalista– que le permiten gobernar previo pago, Pedro Sánchez levanta el Muro de la Moncloa sin ningún Checkpoint Charlie, amnistía a golpistas, libera a delincuentes, se desplaza a la República Popular China como buen alumno de Zapatero y leal mayordomo del gigante asiático. Y se incorpora al hispanófobo Grupo de Puebla cuyo lema es 'En unidad avanzamos', cuyas ideas son servidas por Sputnik y Russia Today. Pedro Sánchez, el ambicioso líder progresista, concibe el capitalismo a la manera arcaica de la explotación de la fuerza de trabajo que proporciona plusvalía a la burguesía, cree en un capitalismo de Estado que distribuya la riqueza y aspira convertir España –previo desguace de la Constitución– en una suerte de Unión de Repúblicas Socialistas Separadas (URSS).
Una república absolutista sin contrapoderes –pero, con KGB– que prefiere la unanimidad de la dictadura oriental a una democracia occidental en donde reina la discrepancia y la división de poderes. Primero –dicen–, el pueblo y quien lo protege. La Justicia –¡no sabe usted con quién está hablando!– no es para Pedro Sánchez ni su ejemplar familia. ¿Acaso la ley ha de ser igual para todos? No. España va camino de ser una república bananera incrustada en una Unión Europea en donde el servil y soberbio Pedro Sánchez –investido de antifascista, antitrumpista y pacifista– pacta con Xi Jinping un acuerdo «estratégico» que convierte España en un satélite del universo rojo. Un Xi Jinping que, tras el acuerdo con el dirigente español, se reúne con el representante ruso Serguéi Lavrov, ministro de Asuntos Exteriores de Vladimir Putin. El Club de Pekín.
Un club donde todos deben pagar su cuota de membresía. Nada será gratis en la república absolutista ideada por Pedro Sánchez. Una república que condena a la muerte civil a todo disidente. Una república con una propaganda –el arte de mentir– que mueve montañas, ofusca cerebros, obnubila conciencias y falsifica la realidad. Una república que está expulsando a España del mapa occidental para situarla fuera del espacio político y económico de las democracias. Pedro Sánchez, parafraseando a los economistas, es un «caballo muerto», una inversión condenada al fracaso. Y un peligro.
Horas después de iniciarse la Revolución de 1917, León Trotsky se dirige al menchevique Yuli Mártov –un político socialdemócrata moderado partidario de un gobierno de coalición democrática– y le espeta lo siguiente: «Sois gente aislada y triste, habéis fracasado, vuestro papel ha acabado y acabaréis donde os corresponde: en el basurero de la historia». Yuli Mártov le responde: «algún día os daréis cuenta del crimen en el que estáis participando».
El tiempo ha dado la razón a Yuli Mártov. A pesar del hundimiento del comunismo, muchos políticos e intelectuales, sea por arrogancia, convicción, fanatismo o interés, insisten y persisten. A la manera de León Trotsky –finalmente defenestrado y asesinado por los amigos de la Revolución–, menosprecian cualquier propuesta contraria a la corrección ideológica y política por ellos definida y establecida. Y pasan a engrosar un basurero de la Historia cuyo fétido olor resulta imposible de disimular. Pónganse las mascarillas.
- Miquel Porta Perales es escritor