Ocultar la incapacidad del Gobierno a costa del Rey
La trampa de Moncloa consiste en reducir el debate público a la visita de Don Felipe a Ceuta para ocultar la incompetencia del Gobierno, que no supo prevenir el asalto y ahora es incapaz de restablecer la normalidad
Me temo que algunos periodistas, columnistas y políticos están cayendo en la trampa que ha tendido el gobierno para escabullirse de su responsabilidad en la invasión y ocupación de Ceuta el 30 de julio. Estrategia que consiste en reducir el debate público a si el Rey debe o no visitar ahora Ceuta, cuando el verdadero problema es la incompetencia del gobierno para prevenir la avalancha y hacerle frente luego con los medios necesarios para impedirla. Todo lo demás es una muleta, el engaño que llaman los taurinos, contra la que muchos están embistiendo y, de paso, revolver a la opinión pública contra la Corona. También caen en la trampa quienes desde una pretendida lealtad monárquica empujan al Rey al enfrentamiento con el Gobierno para que vaya a Ceuta sin refrendo; nada vendría mejor a la estrategia de división, tensión y ruptura monclovita.
Aunque las pruebas de la incompetencia están a la vista, conviene recordarlas por su orden y comprobar así la concatenación de hechos que ha llevado al Estado español a uno de sus mayores fracasos en muchos decenios.
Lo que sorprendió en los primeros momentos del desastre fue que el gobierno dijera no tener información suficiente para prevenir y evitar la invasión. Nadie se podía creer que ni el CNI, ni los servicios de información del Ministerio de Defensa, de la Guardia Civil y de la Policía tuvieran conocimiento de lo que se estaba tramando en una zona como Marruecos en la que han desarrollado su trabajo con eficacia desde hace décadas. El colofón de este desastre ha sido la reyerta entre la ministra de Defensa, los ministros de Interior y de Política Territorial, y la Delegación del Gobierno tirándose los trastos para eludir responsabilidades por su imprevisión y su fracaso los días 30 y 31 de julio.
Si es cierta la versión de Margarita Robles y el gobierno sabía lo que se estaba tramando ¿por qué no movió un dedo? ¿A qué se debió su inacción? ¿A que, como se ha dicho, Marruecos dispone de información confidencial y comprometida para las más altas jerarquías gubernamentales? Quien los tiene cogidos por ahí procurará que nunca se sepa la verdad para no perder su capacidad de chantaje, pero algo huele a podrido.
Hay otras negligencias y abandonos que saltan a la vista como el tamaño del espigón que separa a Ceuta de Marruecos y la inexistencia de una valla eficaz para impedir el acceso a nado a la playa española. Vimos cómo aquello fue la nada para impedir que nos invadieran 80.0000 marroquíes con la mayor impunidad. Tampoco hubo buques o lanchas en las proximidades. Ahora han puesto un hilo de flotadores que recuerdan los que usan los niños cuando aprenden a nadar.
Y esas carencias son responsabilidad exclusiva del Gobierno.
También pudimos ver cómo en el momento de la invasión las Fuerzas de Orden Público o del Ejército eran inexistentes; solo vimos unos pocos agentes desbordados. Pero aún más grave fue que no los hubiera en los acuartelamientos, como hemos sabido después; Ceuta era una ciudad indefensa e inerme. Dos semanas después se nos dijo que se habían enviado 450 policías nacionales de refuerzo, que divididos en tres turnos de ocho horas, son 150, una risa para bregar con varios miles de ilegales que campan a sus anchas por la ciudad. Ha habido violaciones, intentos de robos en establecimientos y ocupaciones de viviendas en un clima de inseguridad y con unas Fuerzas de Orden Público insuficientes y desbordadas. Tan desbordadas que tras desalojar alguna playa, han visto impotentes cómo ha sido de nuevo ocupada. Ante este desastre, el gobierno ha tardado 26 días en constituir un mando único para hacerle frente y en reunir el Consejo de Seguridad Nacional.
Y esa incompetencia es responsabilidad exclusiva del Gobierno.
También hemos visto a ministros decir una cosa y hacer la contraria, como que los invasores que aún quedaban en Ceuta iban a ser devueltos; y allí siguen. O que los menores serían distribuidos por el resto de España; y también allí siguen. O negar que la sanidad ceutí está colapsada, una evidencia que denuncian los sanitarios y vecinos a todo el que los quiera oír.
Y esa ineficacia es también responsabilidad exclusiva del Gobierno.
Algunos ministros se han dejado ver por Ceuta en comparecencias a puerta cerrada huyendo del contacto directo con los ceutíes como quien huye de un nublado. El ejemplo más claro de esa falta de valor para dar la cara ante los ciudadanos indignados la dio el presidente en su visita a la ciudad que duró 105 minutos, encapsulado entre escoltas y encerrado en la delegación del Gobierno.
Tras estos hechos que suponen el apogeo de la incompetencia de un gobierno, la Moncloa pretende distraer a la ciudadanía utilizando al Rey como señuelo, al que no solo no permite ir a Ceuta sino que, ademas, le ha pedido que llame al Rey de Marruecos para «darle las gracias», a lo que Zarzuela obviamente no ha accedido. Después de lo que ocurrió en Paiporta, quedó confirmado que quien no pisa la calle es Sánchez y que Don Felipe sí lo hace, ya sea para recoger el afecto o la indignación de los ciudadanos; para él son gajes del oficio.
Si ya es extremadamente grave lo que está ocurriendo en Ceuta, no añadamos gravedad pidiendo al Rey lo que sólo puede hacer el Gobierno. No caigamos en la endemoniada trampa que está tendiendo Moncloa.
- Emilio Contreras es periodista