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La definición del esperpento la da su creador, Don Ramón María del Valle Inclán, en su genial obra Luces de Bohemia. En su escena duodécima el protagonista, un poeta ciego llamado Max Estrella, le comenta a su amigo Don Latino de Híspalis que «Mi estética actual es transformar con matemática de espejo cóncavo, las normas clásicas» «Los héroes clásicos reflejados en los espejos cóncavos, dan el Esperpento. El sentido trágico de la vida española sólo puede darse con una estética sistemáticamente deformada» Están hablando de ir a pasear por el Callejón del Gato de Madrid en donde había unos espejos cóncavos en los que verse deformado. Y sigue Max: «España es una deformación grotesca de la civilización europea». Y es que «las imágenes más bellas en un espejo cóncavo, son absurdas».

El Debate (asistido por IA)

Pues eso es lo que nos ocurre actualmente en España. La realidad se deforma de manera sistemática como si todo se reflejase en los espejos del Callejón del Gato. De ese modo lo que es un ataque, una invasión en toda regla, se deforma y convierte en algo que no se sabe lo que es y que llaman crisis migratoria. Así mismo cuando un incendio está sin apagar se dice que se encuentra perimetrado. Y a los servicios, y listas de espera, pagados con el dinero de los ciudadanos se les califica de gratis. A la línea férrea de baja calidad y alta siniestralidad se le dice de alta velocidad. Y a la contaminación visual y a los atentados ecológicos generadores de apagones, se les tildan de energías renovables.

Pero el esperpento se extiende peligrosamente hasta alcanzar la globalidad del sistema que llamábamos democracia. Así podemos preguntarnos si no sería propio de un tirano disponer a capricho y sin control presupuestario alguno del dinero de una nación durante años. O si un dictador tendría algún reparo en manejar y manipular a su antojo el censo electoral creando, por ejemplo, a los nietos de la ley. ¿Cómo llamaríamos a un gobernante que lleva años sin rendir cuentas en el Senado y que cuando tiene a bien ir al Congreso se ríe de los ciudadanos? ¿Un autócrata facha, tal vez? Sabemos que los tiranos suelen gustar de disponer y manejar órganos jurisdiccionales según su mera voluntad como aquí ocurre con la fiscalía y el Tribunal Constitucional. Si todo eso es así ¿por qué lo pasamos todo por el espejó cóncavo y le llamamos presidente del gobierno, cuando es otra cosa?

Lo malo es que los tiranos extienden sus formas y ansias de poder a todo el sistema democrático de una Nación hasta contaminarlo y acabar con él en su totalidad; y para eso suelen aprovechar que los ciudadanos nos vamos a pasear por el Callejón del Gato.

Volviendo al protagonista de la obra de Valle, éste indica que «La tragedia nuestra, no es tragedia». «Es el Esperpento» Pero mucho ojo porque, en el fondo, tras ese componente de cierta teatralidad con un algún sesgo humorístico o absurdo se esconde una grave y triste tragedia; la nuestra. La puesta en escena de las lujosas y palaciegas vacaciones de nuestro tirano particular y su imputada esposa, con recepción de larga lista de invitados, tiene dos componentes. Por un lado, uno más prosaico, de opereta, que nos trae al recuerdo personajes singulares como Imelda Marcos y su marido, Tacho Somoza o Leónidas Trujillo o lo que podemos aventurar de las dachas veraniegas de los dirigentes de la extinta URSS o del matrimonio Ceaucescu. Y en segundo lugar lo trágico que representan los personajes citados que van en consonancia con la falta de respeto de nuestro personajillo particular y de su imputada esposa por los ciudadanos de la Nación y por el sistema político que en su día nos dimos. El esperpento incorpora el riesgo de que no profundicemos en el análisis y nos quedemos en la superficie, permitiendo que pase a tragedia.

Y es que a pesar de su forma deformada, valga la expresión, no prescinde de una lógica que crea verdades, aunque estas suenen a exageración. En la escena sexta de la obra, Max Estrella está en un calabozo de la dirección de seguridad ya que ha sido detenido por una pareja de guardias. Allí coincide con Mateo, un revolucionario y anarquista catalán recluido por sus desmanes contra el orden público. Tras una psicodélica conversación sobre la revolución, el proletariado y los patrones, nuestro poeta sale de un aparente callejón sin salida del siguiente modo: «Y en último consuelo, aún cabe pensar que exterminando al proletario, también se extermina al patrón». Lo que nos puede llevar a la tragedia de pensar que acabando con los españoles, terminaremos con los dirigentes opresores del nuevo régimen personalista sanchista. Lo que siendo cierto, no dejaría de ser un horror y un panorama devastador.

Pero la escena de la que hemos hablado en primer lugar termina también de una manera muy actual. Max muere en la calle mientras su amigo Don Latino de Híspalis, ejerciendo de socialista, le deja abandonado, cadáver y tirado en la calle, no sin antes robarle la cartera. Después de ese hurto el ladino Latino pasa a una vida más placentera y sobrada en tanto que la viuda y la hija del poeta acaban fallecidas en la miseria. Nuestra propia historia.

La versión completa y definitiva de Luces de Bohemia se edita en 1924. Y dos años después el mismo autor publica la novela esperpento Tirano Banderas en la que cuenta la historia del sanguinario y despótico Santos Banderas, en un país imaginario y la de un movimiento popular para derrocarle. No sé si marcharemos nosotros también por el mismo camino; espero que no lo permitamos.

Vamos que convivimos con un drama. El de que han convertido nuestro sistema político, nuestra democracia, en un esperpento trágico. Lo malo es que ese esperpento está mudando con rapidez a un dañino culebrón televisivo venezolano. Cambiemos pronto de canal, o mejor, apaguemos la tele.

José Antonio García–Albi Gil de Biedma es empresario