El efecto imán de la España de los pactos
Podemos ser un país referente del más y mejor. Hay madera. Falta autoestima. Hay que quemar lo que sobra. Hay que mover las máquinas. La sociedad civil debe respirar a dos pulmones, sin quitarse de en medio. Toda la carne en el asador
España puede ser magnética. España es magnética. Depende de muchas circunstancias y bastantes de ellas están relacionadas con la acción política y con la comunicación. El poderío interior de nuestro país rico en talento y en posibilidades cuenta con ingredientes esenciales para convertirnos en un enclave con efecto imán que atraiga las miradas, las visitas y la inversión global en los próximos años.
Hace unos días Multinacionales con España presentó el Informe «ATRAE. Hacia 2030. Las reformas necesarias para atraer más inversión global a España». Su propuesta es un boceto de líneas de fuerza que pueden orientar la tarea de quienes trabajan para que este país sea una avanzadilla por el mundo, más que una plaza de zancadillas fáciles torpedeada por la política de trazo corto, estrategia torpe y ombliguismo ideológico.
En este texto se exponen algunas reformas que pueden servir para colocar a España en el podio que merecemos sus ciudadanos para convertir a nuestro país en una columna vertebral del próximo futuro mundial, sin considerarnos jugadores de segunda división, porque contamos con potencial de sobra para subirnos en preferente en la locomotora europea y mundial. Muchos inversores y turistas lo confirman con su apoyo, su presencia y la buena prensa de sus comentarios.
La política electoralista que en estos días anda ya meneando el cocotero del oportunismo debe asumir la obligación de plantear reformas estructurales al unísono, porque la España de los bandos nos dispersa, nos disgrega, nos separa, nos empobrece y nos hace vulnerables, pero la España de los pactos posee una capacidad de atracción que cura, incluso, esa decepción social que arrojan sistemáticamente las encuestas, sobre todo desde que metimos la cabeza en el agujero de la pandemia.
España es cancha de esperanza económica y escenario propicio para la inversión
Es fundamental velar por la estabilidad y la seguridad personal y jurídica para que los mares bruscos que agitan los vientos de las tendencias cambiantes no mareen el norte. Ejemplos bochornosos como el del Gobierno contra Ferrovial no pueden volver a producirse. España necesita muchos Ferroviales. Necesitamos que las empresas nacionales se queden y que vengan cuantas más mejor del extranjero pero para que esto suceda hay que respetar las reglas del juego. El dinero es miedoso y ante injerencias inaceptables huye a mejores caladeros pero si se respeta un entorno competitivo estable y una regulación económica sana el atractivo de España se convertirá en un imán sin parangón.
Los políticos y los legisladores españoles deben pensar en grande, con la audacia de los empresarios honestos y de los autónomos que remontan la tempestad con el poder de su trabajo y su empeño. España ha de ser un país que cimente su presente (y su futuro) en la innovación, sin dejar que esa veleta se convierta en una isla más del lenguaje políticamente correcto y hueco.
España debe ser un país flexible a la medida del siglo XXI, reflejando así el alma de una población que se deja las pestañas caminando entre las obligaciones, las necesidades y la incertidumbre. Los horizontes de la digitalización no pueden ser fugas hacia mundos paralelos, sino ventajas para aligerar la burocracia y simplificar la vida de los que votamos para que el país reviva cada día y evite la tiranía del oportunista modo reset al que nos conducen los poderes públicos con excesiva frivolidad.
Urgencias contra estatismos
Nada resiste ya el estatismo en esta sociedad vertiginosa, tampoco el paso lento y politizado de las administraciones públicas. Urgen modelos de consolidación fiscal que garanticen la sostenibilidad y el equilibrio financiero. Urgen sistemas que nos coloquen en la pole de la competitividad. Urgen legislaciones laborales y de la Seguridad Social a la altura de nuestro tiempo y de nuestra realidad. Y urge comunicar esta acción-reacción-repercusión para que la agilidad española –ética y garantista– sea marca de la casa con eco internacional.
La España con imán necesita evadirse de la polarización y atraer en masa liderando, de verdad, la transición energética. La España que atrae fuera debe aglutinar antes dentro con pactos que serían maromas de unidad: una política de empleo que valore el derecho a un trabajo de calidad, unas directrices que nos permitan vivir en hogares dignos, un pacto de Estado por la educación que otorgue estabilidad al sistema educativo con especial atención a la formación dual y a mejorar nuestro déficit en el dominio de idiomas; una sanidad sin vaivenes, una industria sin colores y una innovación sin etiquetas.
Podemos ser un país referente del más y mejor. Hay madera. Falta autoestima. Hay que quemar lo que sobra. Hay que mover las máquinas. La sociedad civil debe respirar a dos pulmones, sin quitarse de en medio. Toda la carne en el asador. Calle, empresa, industria, parlamento, medios de comunicación. En la forja. Calentando motores que nos ayuden a disfrutar de las autopistas sociales como nos merecemos.
Todo esto lo pensamos hace tiempo y lo hemos puesto como condicionante para salir mejores de la pandemia en mil tertulias de café. Ahora, atraernos por dentro y desde fuera no es negociable. Es el único pacto posible para dirigirnos a unas urnas que no sean cepo en este país con ADN para el despegue en vertical.
Lucía Casanueva es socia directora de PROA Comunicación