La Monarquía y el decepcionante final de la Galería de Colecciones Reales
El Rey Juan Carlos no sólo merece figurar, como sus antecesores, por haber contribuido de una manera decisiva a la reconciliación de los españoles que hizo posible el primer régimen plenamente democrático y próspero de la historia de España, sino que su labor en relación con el patrimonio cultural es muy importante
Impulsado y apoyado, desde el primer momento, por el Rey Juan Carlos como importante legado cultural de su reinado, la Galería de Colecciones Reales muestra piezas de excepcional importancia que, a través de los siglos, han ido adquiriendo los monarcas españoles desde los Reyes Católicos hasta nuestros días.
Se da la circunstancia de coincidir, en este museo, el notable proyecto arquitectónico de Emilio Tuñón y Juan Moreno Mansilla, con un plan museológico muy bien diseñado por los dos directores que se han sucedido en el tiempo, José Luis Díez y Leticia Ruiz, dos destacados profesionales del Cuerpo Facultativo de Conservadores de Museos que han sabido aportar un discurso muy bien documentado y una adecuada selección de las piezas que conserva Patrimonio Nacional. La otra importante clave es el plan museográfico expositivo llevado a cabo por el arquitecto Manuel Blanco que supo establecer una eficaz colaboración con los conservadores de Patrimonio en las diferentes especialidades y con los técnicos de la empresa 'Empty'. El resultado es difícil de superar. El discurso histórico se va sucediendo sin darnos cuenta del paso de un reinado a otro en el que las piezas dialogan entre sí, con el entorno y con el visitante sin que las vitrinas y soportes de las piezas se noten y distraigan ese diálogo.
El visitante puede apreciar el buen gusto de los monarcas y su interés por la adquisición de obras de los artistas más importantes de cada época gracias a lo cual, podemos disfrutar ahora tanto aquí, como en el Museo del Prado y otras dependencias de Patrimonio Nacional de este excepcional legado. La combinación de pintura y escultura con otras artes decorativas como tapices, relojes, orfebrería, muebles, alfombras y cerámica, además de una acertada selección de libros y armaduras de los monarcas, aporta a la visita un ritmo que no permite el desvío de la atención en ningún momento. La decoración de las residencias reales y la costumbre de mantener a los pintores y escultores de cámara de los reyes, nos permite ahora disfrutar de un patrimonio excepcional.
Fruto de esta actividad coleccionista, con el asesoramiento, precisamente de estos pintores y escultores de corte, podemos ir apreciando en los apartados correspondientes a los monarcas las obras de artistas singulares como Juan de Flandes, el Greco, Tiziano, Pantoja de la Cruz, Luisa Roldán, Caravaggio, Bernini, Rivera, Velázquez, Luca Giordano, Carreño Miranda, Van Loo, Mengs, Goya, Tiepolo, Madrazo o Casas, entre otros. Emociona ver algunas piezas como la armadura que utilizó Carlos V en la batalla de Mühlberg, la testera de caballo perteneciente a la guarnición que mandó hacer Felipe II para su boda con María Tudor, los grandes tapices flamencos que debieron colgar en las paredes del viejo Alcázar de los Austrias o el dessert con el que decoraba su mesa Carlos IV para sus invitados, siendo Príncipe de Asturias.
Gracias a la Galería de Colecciones Reales, podemos apreciar, además, algunas obras que, por diversas circunstancias no estaban expuestas al público como las impresionantes columnas salomónicas de José de Churriguera guardadas desde 1903 que se derruyó la iglesia del Hospital de Montserrat, la impresionante fuente del Águila regalo italiano recibido por Felipe II o la corona joya de la virgen de Atocha, donada por Isabel II, cuajada de diamantes y topacios conservada, hasta ahora, en una caja fuerte.
El visitante apreciará en la Galería, como norma museográfica, que el inicio de cada reinado lo preside un retrato del monarca correspondiente. Incluso con Fernando VII, que no parece gozar de muchas simpatías, podemos ver un retrato de pequeña factura, pero precioso del pintor Vicente López. Esta obra comparte vitrina con un ejemplar de la Constitución de Cádiz como trágala contemporáneo.
Pero la sorpresa del visitante viene al final del recorrido cuando espera encontrar la aportación a la cultura hispana de los dos últimos monarcas reinantes. Tras un documental en el que se suceden imágenes de la Segunda República, el franquismo y los reyes don Juan Carlos y don Felipe, pasamos a la última estancia en la que destaca, como cierre de todo el recorrido un tapiz de dimensiones ridículas, en comparación con los que hemos visto en las salas precedentes. Basado en el cartón de Guillermo Pérez Villalta quiere representar la Constitución de 1978. Un ejemplar de esta descansa en una vitrina. Pero lo que más llama la atención es el desigual tratamiento de los monarcas reinantes y del Rey Juan Carlos, principal impulsor de este museo, reconocido esto por el actual director de la Galería, Victor Cajeao, otro excelente profesional, quien, en unas recientes declaraciones a la agencia Europa Press comentó que, pareciéndole «interesante», no le corresponde a él incluir un retrato de los monarcas actualmente reinantes. Se refiere, lógicamente a Patrimonio Nacional y Presidencia del Gobierno del que depende.
El Rey Juan Carlos no sólo merece figurar, como sus antecesores, por haber contribuido de una manera decisiva a la reconciliación de los españoles que hizo posible el primer régimen plenamente democrático y próspero de la historia de España, sino que su labor en relación con el patrimonio cultural es muy importante. Sirva, como ejemplo su impulso al idioma español y la política lingüista panhispánica realizada por encargo suyo y bajo la dirección de Víctor García de la Concha. Y qué decir de la Reina Sofia ¿no merece una alusión, como otras titulares de la Corona a través de los siglos, que recoge la Galería? Su apoyo a todo tipo de manifestaciones culturales ha sido fundamental. Por citar un solo aspecto, en el patrocinio de las grandes exposiciones celebradas en España. Labor seguida con entusiasmo por don Felipe y doña Leticia que apoyan todos los años el arte contemporáneo español dialogando con galeristas y artistas en la inauguración de ARCO.
Por eso, por ese carácter sectario que aplica un tratamiento tan injusto a los titulares inmediatamente anteriores y actuales de la Corona, decepciona el final de este excelente museo. En el fondo, no deja de ser un intento más de desgaste de la Monarquía en el que tan interesados están los socios independentistas que sostienen al Gobierno por representar la unidad de España. Pero debemos tener en cuenta lo que nos dijo el expresidente de la Comunidad de Madrid Alberto Ruiz Gallardón en el curso sobre «España y la Monarquía» que celebramos el pasado verano en El Escorial: «La alternativa a la Monarquía no es la República, es el fin de España» y esto, añado yo, no debemos permitirlo.
Pablo González-Pola de la Granja es director del Instituto CEU de Estudios de la Democracia