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TribunaJosé F. Martín Cinto

Tiempo de reflexión

Un principio fundamental, que a base de no utilizarse ha caído en el olvido, es que la relación entre estados no tiene que regirse por la fuerza armada, sino por los principios que he manifestado al principio, del buen juicio, de la verdad, de la justicia y de la cooperación activa

Empiezo a escribir este artículo en un periodo de tiempo de gran importancia para los católicos: La Cuaresma, que es un periodo de cuarenta días, que comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Jueves Santo, en plena Semana Santa.

La Cuaresma, son días de reflexión, de preparación espiritual y de penitencia, para llegar en plenitud a la celebración de la Pascua de Resurrección.

Digo todo esto, porque ante el panorama tan caótico que estamos sufriendo en España, en todos los órdenes de la vida, se hace muy difícil clasificar de manera positiva, a tantas personas que teniendo responsabilidades de gobierno, no sólo no están a la altura, sino que de una manera irremediable, nos llevan al más puro desastre a nuestra querida España, si antes de que esto se produzca, –y según mi criterio está muy cerca de suceder–, no se consigue pararlo definitivamente.

Con independencia de credos políticos, tan al uso en un sistema democrático, todos los que encarnan de alguna manera, puestos de distinta responsabilidad para los ciudadanos, deben regirse por el principio del buen juicio, es decir, de la verdad, de la justicia y de la cooperación activa. No olvidemos que una autoridad que no es servicio, es dictadura y al mismo tiempo, podemos decir sin duda, que no puede haber paz sin justicia y no puede haber justicia sin perdón.

Antes de centrarme más en nuestro país, me preocupa enormemente cara al futuro de las generaciones jóvenes y no tan jóvenes, hasta dónde está llegando el afán de poder del hombre, totalmente alejado de Dios, que todo lo va intentando resolver, por el método más ancestral, que nunca sirvió en realidad para nada y menos para el progreso real de las naciones. Me refiero a las guerras, que con el paso del tiempo, se han vuelto cada vez más violentas y sanguinarias, alcanzando no sólo a los diversos ejércitos, sino al total de la población civil. Ya va siendo hora de que empiece a entrar el buen juicio en las autoridades civiles y militares, para entender que ha llegado el momento en la Humanidad de sustituir la cobardía de las armas por la voluntad de la reconciliación.

Un principio fundamental, que a base de no utilizarse ha caído en el olvido, es que la relación entre estados no tiene que regirse por la fuerza armada, sino por los principios que he manifestado al principio, del buen juicio, de la verdad, de la justicia y de la cooperación activa.

Como ha manifestado el Papa León XIV, ha llegado la hora de la nueva evangelización, saliendo los católicos por el mundo sin miedo y proclamando la Palabra de Dios y los Evangelios, para que no se olvide nunca que los seres humanos «son hermanos por religión o iguales por creación».

Volviendo a España en concreto, una de las últimas y creo que peores decisiones del gobierno, es la de justificar, sin prácticamente ninguna obligación seria, la legalización de más de quinientos mil inmigrantes, lo que hace, que de inmediato se esté produciendo ya, un efecto llamada, que agravará más el problema. Esto lo digo, porque en realidad, si se hicieran las cosas bien, la migración es dos veces un derecho: el derecho a encontrar en el propio país las condiciones para llevar una vida digna y el derecho a desplazarse cuando las condiciones mínimas no existen. Qué lejos están los estados modernos, con concepciones ateas y de orden masónico, de llevar a la práctica esos simples principios, que son fundamentales, porque, que yo sepa, todos somos humanos, con una dignidad impresa por Dios, desde que nos dio el ser.

Aprovechemos la Cuaresma, que es sin duda un periodo importante de reflexión y de llevar a la oración, donde estamos de verdad cada uno. Me he planteado de qué forma se podría conseguir una rectificación de nuestro nefasto presidente de Gobierno, para que en un acto de cordura rectificase, acorde con su condición de persona, dejase de mentir, de comprar conciencias de la manera más rastrera, abandonase la poltrona que nunca la ganó limpiamente ante los ciudadanos y se diese paso a unas elecciones libres, que nos llevasen otra vez a tener un gobierno que respetase los principios fundamentales de la Constitución y que nos llevará otra vez a que la convivencia de todos los españoles, con las peculiaridades según que región, fuese como lo ha sido tantas veces, de amor a la patria, amor a la familia y amor al trabajo bien hecho entre todos.

Espero sirvan estas líneas para dejar entrever que lo fundamental en la vida de los hombres es no perder el norte, sin olvidar lo más fundamental que hemos conocido, desde que el Hijo del hombre, se reveló al mundo: el amor a Dios y al prójimo, por amor a Dios.

Comprendo que puede haber rechazo a lo que escribo, pero no puedo dejar de hacerlo, como católico y más ante el caos que se está apoderando de este mundo que se desarrolla sin tener en cuenta al Creador, consiguiendo de manera contumaz más muertos y más dolor, para intentar el dominio de unos sobre otros y considerándose pequeños dioses que, un poco antes que después, desaparecerán y serán liquidados.

  • José Fernando Martín Cinto es licenciado en Ciencias Físicas