Provocando la insurgencia de un nuevo Antonio Cubillo (Mpaiac)
¡Qué distinta sería la consideración si el buque holandés hubiera fondeado o atracado en Cataluña o en Vascongadas…! El servilismo y la genuflexión, la sumisión y la reverencia, estarían servidos, y la famosa (e inconstitucional) ‘cogobernanza’ hubiera sido la técnica operacional interadministrativa
Para los más jóvenes, el Movimiento por la Autodeterminación e Independencia del Archipiélago Canario (Mpaiac) fue una organización armada canaria que enarboló la bandera del separatismo de las Islas allá por los años setenta y principios de los ochenta. Su principal líder se llamó Antonio Cubillo. El 'Movimiento'ffue financiado por Argel, tal vez con la intención de que España se inclinara por la solución argelina para el Sahara español.
Después de varias amenazas y atentados contra los intereses del Estado en el archipiélago canario –alguno de ellos tan tristemente conocido como el aviso de bomba que, al parecer, determinó el terrible accidente aéreo de Los Rodeos–, Cubillo, acosado por los servicios secretos españoles, se refugió en Argel, donde sufrió una agresión a manos de los servicios secretos españoles que lo apartó de la primera fila de la lucha de su organización. Volvió a Canarias tras renunciar a la vía armada y pactar su regreso a su tierra natal. Afortunadamente, hoy el nacionalismo canario se manifiesta exclusivamente a través de partidos políticos minoritarios y por vías pacíficas y democráticas.
Bien. ¿Por qué traigo a estas líneas el relato que antecede? Porque veo un inquietante riesgo de que reaparezca un movimiento canario separatista al estilo del Mpaiac (fundado en 1964), y de que hoy se produzca la circunstancia de que otro líder recoja el testigo de Cubillo. Y, ¿quién o qué podría motivar tan perniciosa enfermedad para la salud territorial de España, cuando ya padecemos graves quistes nacionalistas en la Península?
Primero contestaré a la cuestión de a quién se podría atribuir el renacimiento del separatismo en las Islas Canarias. Para responder a esta pregunta necesariamente hay que referirse a los muchos errores y disparates cometidos en materia de política territorial y exterior por los sedicentes Gobiernos progresistas. En efecto –en el caso de que haya un programa definido en política exterior bajo Pedro Sánchez–, la diplomacia española, desde 2018, es un arcano, algo enigmático y desconocido, pues ni el presidente del Gobierno ni su ministro de Asuntos Exteriores han informado ni solicitado la previa conformidad de las Cortes Generales para estos menesteres. Nunca han dado una explicación satisfactoria de las políticas, las decisiones adoptadas y el rumbo imprimido a las actuales relaciones exteriores del Gobierno sanchista: ni con Marruecos (Sahara), ni el regateo de fondos a la OTAN, ni las discrepancias con la UE, ni el enfriamiento, cuando no colisión, con la Administración Trump, e incluso con el Gobierno israelí, ni la realineación con China, algo sorprendente e inexplicado si reparamos en las perjudiciales consecuencias que, para los intereses y estabilidad de España, tienen todos estos anormales hitos de la política exterior sanchista. Sánchez mete el dedo en el ojo de Trump, y peligran Ceuta, Melilla, Canarias, Rota y Morón. Y Sánchez mete el dedo en el ojo de Netanyahu, y nos jugamos información antiterrorista, equipamiento militar y tecnología puntera. Total, a él no le quita el sueño estos terribles flecos de su altanería.
Ahora, con motivo del vistoso espectáculo sanitario-ministerial desarrollado en la localidad tinerfeña de Granadilla de Abona para recibir al ‘Hondius’, el presidente Clavijo se ha quejado amarga y reiteradamente de que el Gobierno de Sánchez no le ha tenido en cuenta ni aceptado ninguna de sus propuestas, lo que aquél ha considerado un grave desaire y desprecio institucional al pueblo canario. Varias diputadas canarias han afirmado algo que afecta a la fibra sensible de un pueblo: «No es la hora de la colonización. El Gobierno central ha tratado a Canarias como una colonia».
En segundo término, que despierte un indeseado independentismo canario sería así mismo achacable a la torcida arrogancia de un Sánchez, que, con su conocida prepotencia, su afán personal y ceguera partidista (según la cual sólo ve lo que le renta), maltrata a propios y extraños sin importarle los efectos negativos que para la cohesión del Estado y la prosperidad de la nación española desencadenan sus políticas y su manifiesto talante autocrático.
Por eso me estremece la personalidad de nuestro señor presidente, quien se echa el Estado por montera y, salga el sol por Antequera y póngase por donde quiera, irrumpe en la escena internacional sin ninguna prudencia, tacto ni responsabilidad. Es así que menosprecia las advertencias de opositores y otros líderes, incluidos algunos de su partido. ¡Qué distinta sería la consideración si el buque holandés hubiera fondeado o atracado en Cataluña o en Vascongadas…! El servilismo y la genuflexión, la sumisión y la reverencia, estarían servidos, y la famosa (e inconstitucional) ‘cogobernanza’ hubiera sido la técnica operacional interadministrativa puesta en práctica, y no la imposición aplicada a nuestros lejanos pero dulces compatriotas canarios.
- José Torné-Dombidau y Jiménez es presidente del Foro para la Concordia Civil