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tribunaLuis Peral

México querido

Por encima de los prejuicios ideológicos, por encima de la deformación interesada de la historia compartida de México y España, por encima de personas como Claudia Sheinbaum cuyo mandato caducará en pocos años (sufragio efectivo, no reelección), la amistad entre México y España pervivirá

Mi bisabuelo José María Zunzunegui Echevarría, cuya familia procedía de Lazcano (Guipúzcoa), emigró a México a principios del siglo XX, junto con su mujer y tres de sus hijos, uno de los cuales falleció en la travesía. Se estableció en Puebla de los Ángeles y allí nacieron un hijo y una hija, mi abuela María Luisa Zunzunegui Moreno.

Tengo familiares y amigos en México, un país al que quiero mucho y con el que España comparte muchas cosas, entre otras un pasado glorioso, del que españoles y mexicanos debemos estar orgullosos. José Luis López-Linares en sus películas España, la primera globalización e Hispanoamérica, canto de vida y esperanza describe ese momento en los siglos XVI, XVII y XVIII en el que el Virreinato de la Nueva España se convirtió en la parte más próspera de la Monarquía Hispánica.

Durante muchos años, los españoles hemos asumido una Leyenda Negra, creada por ingleses y holandeses para desprestigiarnos. Una Leyenda Negra que se regodea en hechos que ocurrieron en todas las conquistas, y en menor medida en la América española, pero que olvida culpablemente la realidad sangrienta de la explotación y el genocidio por los aztecas de otras etnias de lo que hoy es México y que ayudaron a los españoles de Hernán Cortés. Olvida también esa Leyenda Negra que la mayor parte, tal vez más del 80%, de los metales preciosos que se extrajeron en el México hispánico quedaron allí para construir edificios y obras públicas, pagar salarios y realizar obras educativas y culturales. Olvida también que desde pocos años de la llegada de los españoles a América se aprobaron leyes – Leyes de Burgos de 1512 y Leyes Nuevas de 1542– que protegían a los indios. Antes de 1636, cuando se fundó la Universidad de Harvard, los españoles habían creado 16 universidades en Hispanoamérica, dos de ellas en México.

Salvador de Madariaga, Elvira Roca Barea, Alberto Gil Ibáñez, Marcelo Gullo y José Miguel Zunzunegui han escrito obras magníficas sobre la realidad de lo que hizo España en América, por encima de los intentos foráneos de desprestigio, hoy en vías de superación.

Claudia Sheinbaum –cuyos abuelos paternos y maternos emigraron a México desde Lituania y Bulgaria, respectivamente, varias décadas después de que lo hicieran mis bisabuelos– ha comprado las calumnias de la Leyenda Negra, algo impropio de su rigor científico y que probablemente obedece a intereses ideológicos electorales. Un sectarismo ideológico que le ha llevado a boicotear la visita reciente a México de Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid y representante del Estado en dicha región. Ha habido presiones y petición de nombres de las personas que se iban a reunir con Isabel Díaz Ayuso. Una conducta impropia de una democracia, que ha obligado la presidenta de la Comunidad a adelantar su vuelta para no perjudicar a otras personas o entidades. Y, una vez más, como ya ocurrió en Venezuela en 2024 con las presiones al presidente electo Edmundo González en la Embajada de España, el Ministerio de Asuntos Exteriores no ha estado a la altura para proteger a la representante del Estado en la Comunidad de Madrid.

Ese sectarismo de Claudia Sheinbaum ha tenido otras manifestaciones que han perjudicado a los mexicanos como la reforma con fines espurios de la Justicia y la promoción de la ideología de género. Otra cosa es que ante Trump se muestre complaciente y colaboradora, tal vez por la mala conciencia del desastre en la droga y en la seguridad ciudadana que supuso el mandato de seis años de su antecesor, y correligionario en el partido Morena, Andrés Manuel López Obrador.

Por encima de los prejuicios ideológicos, por encima de la deformación interesada de la historia compartida de México y España, por encima de personas como Claudia Sheinbaum cuyo mandato caducará en pocos años (sufragio efectivo, no reelección), la amistad entre México y España pervivirá. Son muchos los lazos que nos unen en el idioma, en la religión mayoritaria, en la cultura, la música, la literatura, el deporte y una historia común de la que ambos pueblos debemos sentirnos muy orgullosos.

  • Luis Peral Guerra es doctor en Historia, economista y abogado
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