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tribunaRicardo Martínez Isidoro

Emergencias políticas

En la operación Hondius no han sido necesarias grandes reflexiones, ni dilaciones, se ha pasado por encima de las competencias del Gobierno canario cuyas quejas han sido apartadas de forma terminante y un tanto enojosa

Bien por España rescatando del Crucero Hondius a los posibles enfermos de un no tan nuevo virus peligroso; es merecedor de elogios y satisfacción como país y como organización que es capaz de materializar una operación de rescate complicada, por el momento efectiva.

Todo lo contrario ocurre con la decisión de Marruecos de no socorrer de igual manera al citado crucero, aspecto que arroja sombras sobre la capacidad de auxilio de un país que pretende ser una potencia importante en el estrecho de Gibraltar y accesos atlánticos, apoyado por Estados Unidos, en un intento de sustituir a España de una misión que por geoestrategia le corresponde, pues es patente su capacidad de dominio de ambas vertientes, a pesar de la anomalía territorial de la colonia de Gibraltar.

Tampoco es alentador que, desde el golfo de Guinea, hasta las Islas Canarias, no haya habido ningún reflejo humanitario ni técnico en todo el recorrido, en países prácticamente al borde de ser estados fallidos, precisamente limítrofes de la grave situación que se produce en El Sahel, espacio del que será necesario que se ocupe Europa en un futuro próximo.

Sin embargo, se destaca enormemente la diferencia de tratamiento que tienen las emergencias para el Gobierno actual de España, y la facilidad conque se puede transformar un acontecimiento humanitario en una oportunidad política, cuando el territorio objeto es de distinto color ideológico al del Gobierno en cuestión.

La comparación se presenta inmediatamente en cuanto se observan las actuaciones estatales, en los casos del hantavirus de los pasajeros del Hondius y las no olvidadas de la última dana mortífera que cayó sobre la región valenciana, especialmente.

Si lo observamos desde el punto de vista institucional, la presencia de ministros en esta última ocasión ha sido espectacular, todos los que tenían la más mínima tangencia en la operación de rescate y traslado estaban allí, rodeando a la titular del ramo de Sanidad, la verdadera y quizás única competente en el asunto, si se exceptúa al presidente de Canarias, cuyas atribuciones en materia sanitaria, y se supone que también en prevención, las tiene cedidas del Estado en su estatuto de autonomía; quizás con tanto ministro, faltase el presidente del Consejo, que estaba en labores electorales críticas.

La ministra de defensa, quizás por su criterio sobre la obligatoriedad de la cuarentena de los afectados, no ha sido convocada, aunque sí ha jugado un papel importante en la operación la unidad de emergencias que depende políticamente de ella, la UME, que una vez más ha demostrado su eficacia en la colaboración en este tipo de cometidos, las emergencias, responsabilidad del ministerio del interior.

En lo que respecta a la presencia de la cadena de protección civil, en la Dana inadvertida, se ha visto una gran participación junto a su ministro responsable, aportando presencia con distintivos y declaraciones frecuentes, quizás para recuperar el tiempo perdido en la anterior enorme emergencia, que se llevó la vida de 229 personas, afectó a más de 300.000 y destruyó 2/3 del PIB de la región valenciana y el 2 % del PIB nacional.

En relación a los medios puestos a disposición de la operación Hondius, no ha habido límite, se han puesto todos los que eran necesarios, de todas las jurisdicciones, procedencias, cuerpos e institutos, al unísono, en torno a una única finalidad, por otra parte, compleja, en el tiempo y en el espacio, y salvo algún defecto circunstancial todo parece indicar que era necesario.

En la dana, al no declararse emergencia nacional, potestad del ministro del interior como cabeza de la protección civil, los medios no llegaron en los primeros momentos, ni siquiera los militares, los más cercanos al foco de la tragedia, y la UME fue activada cuando se decidió, pero la catástrofe era demasiado intensa y extendida y muchas poblaciones no tuvieron medios de ayuda en varios días.

La Organización Mundial de la Salud, a cuya pertenencia ha renunciado Estados Unidos, ha sido el organismo demandante de la ayuda y se ha aceptado a rajatabla, sin dilación, como aconsejaba la situación de la emergencia, contrastando con la relación de la Generalitat valenciana y el Gobierno central, distante y fría, e insuficiente en medios, aunque se ofrecieran todos.

La disposición de elementos de control nacional y regional sobre la prevención de emergencias, como los provocados por la dana, la Agencia Nacional de Meteorología, o las Confederaciones Hidrográficas, son órganos previstos de supervisión en la ley de Protección Civil que muy probablemente le habrían prestado un gran servicio al ministro del Interior para definir y decidir la grandeza de la emergencia, y hacerse cargo de la misma. En la operación Hondius no han sido necesarias grandes reflexiones, ni dilaciones, se ha pasado por encima de las competencias del Gobierno canario cuyas quejas han sido apartadas de forma terminante y un tanto enojosa.

La consagración de la candidata de Más Madrid ha quedado instalada como efecto, para loor de la conquista de Madrid.

  • Ricardo Martínez Isidoro es general de División Rdo. y presidente de la Asociación Española de Militares Escritores
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