Plan Ballesta: la respuesta española ante un ataque a Ceuta y Melilla
En cada una de estas plazas se cuenta con un regimiento de Caballería Acorazado, un grupo de Regulares, un regimiento de Artillería Mixto, un batallón del Cuartel General de la Comandancia General, un regimiento de Ingenieros, un Tercio de la Legión y Unidad Logística
Durante años el plan español de defensa de las que antes se llamaron «Plazas de soberanía en el Norte de África» se denominó Plan Ballesta y contemplaba un desembarco de tropas aerotransportadas y paracaidistas detrás de las propias líneas marroquíes, además del ataque por mar. Otros planes prevén la evacuación de las plazas y el traslado de su población a la península.
Entre los más potenciales conflictos que nuestros estrategas estudian, el primero es un ataque de Marruecos a Ceuta y Melilla, aparte del pleno dominio de las aguas de Canarias. De momento, aparte de la Marcha Verde ya van tres ensayos que ponen a prueba la capacidad de respuesta de España: el de la ocupación de la isla Perejil, la invasión de Ceuta en 2021 y la reciente sobre todo de miles de jóvenes en edad militar. En su comparecencia en el Palacio de la Asamblea de Ceuta, con el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y el presidente de la ciudad autónoma, Juan Jesús Vivas, Sánchez denunció «la violación y ataque a la integridad territorial de España», tras el aluvión de unos 50.000 inmigrantes irregulares que, según las cifras del Gobierno, entraron en Ceuta desde Marruecos
Pero la pregunta es si se ha producido una violación de la soberanía española, ¿qué había hecho y su gobierno para evitarlo. Las palabras de Sánchez dieron la impresión de que el asunto no era tan grave cuando dijo simplemente que «Ceuta es una ciudad española, y lo sucedido en el día de ayer merece todo nuestro reproche y toda nuestra condena, en el nivel más enérgico posible de rechazo». Y como gusta hacer, no se privó de una frase que era una pura ironía «El Estado está aquí. Defendemos la seguridad y la convivencia en Ceuta como la defenderíamos en el perímetro de la M-30 en Madrid. Somos todos uno». Pero en el mismo discurso «agradeció» la cooperación de Marruecos, y su disposición a agilizar las repatriaciones tras la avalancha. ¿La serie de vídeos que muestran la nula actuación de su policía de fronteras marroquí, la propia logística de la invasión prevista con todos los elementos para su éxito dejó a todos atónitos ante las disculpas de Sánchez sin reproche alguno a Marruecos, con cuyas autoridades dijo haber mantenido una interlocución mantenida?
Ha sido un nuevo ensayo de la monarquía de Mohamed VI, como las anteriores, para ver la capacidad de resistencia de España, ahora que la sabe más aislada que nunca, mientras a él lo asisten los Estados Unidos, Israel y Francia. Pero para Sánchez el origen de todo estuvo en la «lectura interesada que las mafias que trafican con seres humanos han hecho de una sentencia del Tribunal Supremo que dice que no tiene encaje en las repatriaciones en frontera las de aquellas personas que entren en nuestro espacio a nado, por el mar, por considerar que no existe una frontera física, como sí existe por tierra».
Lo acabamos de ver en su comparecencia en Ceuta, en tanto cientos de invasores seguían cruzando la frontera ante la impotencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad y el Ejército seguía en los cuarteles, mientras él alababa las buenas relaciones y la colaboración de Marruecos. Pese a afirmar que su Gobierno había reaccionado con eficacia se tardó más de doce horas en desplazar al Ejército e incrementar los efectivos de la Guardia Civil y la Policía Nacional, mientras seguían entrando a miles inmigrantes ilegales. Lo único realmente concreto que dijo fue que se iba a desplegar una red de boyas en el espigón del Tarajal, en cumplimiento de la sentencia del Tribunal Supremo, para «crear una barrera de contención física», en términos al menos visuales, para que desde el punto de vista administrativo se pueda facilitar la repatriación en frontera de los inmigrantes irregulares. Veremos si se lleva a cabo, como otras en su día anunciadas.
Pero por encima de todo ello, hay dos cuestiones de fondo. La primera es si, dado el ataque a la soberanía del Reino de España no debería desplazarse a Ceuta y Melilla el propio jefe del Estado, para reafirmarlo con su presencia. La otra, la propia aplicación del artículo 116 de la Constitución ante la gravedad de los hechos. El Gobierno ha desistido de establecer, como pedía al unísono el gobierno de Ceuta el Estado de Alarma, por entender que no era del caso, dentro de las previsiones del artículo 116 de la Constitución. Dicho artículo establece las circunstancias para que el Gobierno declare en su caso el Estado de Alarma, Excepción o Sitio. En este último caso, se puede establecer cuando los hechos ponen en riesgo la soberanía, la independencia o la integridad territorial del país. El Gobierno transfiere temporalmente a las autoridades militares el control de ciertas funciones, como mantener la seguridad y el orden público en los territorios afectados. La declaración del estado de sitio debe ser aprobada por el Parlamento, quien determina su duración y alcance. En este caso, algunos juristas consideran que podría estar justificada el estado de sitio, y como se ha visto de han producido ya saqueos, allanamientos y otros episodios semejantes de forma violenta, dado el volumen de la invasión que trastoca la vida cotidiana de la ciudad en todos sus órdenes.
El plan de defensa militar de Ceuta y Melilla
Por otro lado, cabe recordar que durante muchos años el plan español de defensa de las que antes se llamaron «Plazas de soberanía en el Norte de África» se denominó «Plan Ballesta» y contemplaba un desembarco de tropas aerotransportadas y paracaidistas detrás de las propias líneas marroquíes, además del ataque por mar y aire a alguna de sus ciudades para reducir la presión sobre las ciudades españolas, antes de recuperarlas. Hay dos incógnitas, no demasiado favorables a España. Donde las cosas pintan peor es en una hipotética ayuda de Europa, dada sus vinculaciones e intereses comerciales de Marruecos con Francia, su protectora. Y ahora sus excelentes relaciones con Trump e Israel. Otro de los problemas viene del acuerdo de adhesión a la OTAN. Ambas plazas y sus islotes quedaron fuera del Tratado que sí incluye a Canarias.
En el «Plan Ballesta» tenía destacado papel una unidad gallega, la Brigada de Infantería Ligera Aerotransportable «Galicia VII», de guarnición en Figueirido, Pontevedra, y Siero, Asturias, una de nuestras unidades de acción rápida, ya que debería ser rápidamente trasladada al escenario del conflicto y asegurar una posición de fuerza dentro de la propia retaguardia marroquí. Con una guarnición, que entre ambas plazas ronda los 6.000 efectivos, según los cálculos más optimistas, y un elevado porcentaje de soldados de origen marroquí, se cuenta con que Ceuta y Melilla tendrían pocas posibilidades de resistir por sí solas.
En cada una de estas plazas se cuenta con un regimiento de Caballería Acorazado, un grupo de Regulares, un regimiento de Artillería Mixto, un batallón del Cuartel General de la Comandancia General, un regimiento de Ingenieros, un Tercio de la Legión y Unidad Logística. Si bien este dato nunca se ofrece de manera concreta por quien puede darlo, se calcula que 4 de cada 10 soldados son musulmanes y en buena medida de origen marroquí. Los expertos de nuestro Estado Mayor sostienen, como parece lógico, que el éxito en la defensa de Ceuta y Melilla se apoya en disponer de información previa para estar listos ante el ataque y desplegar los medios de defensa hasta la llegada de refuerzos o el contrataque desde la península. Un informe militar reservado titulado «Vulnerabilidades y amenazas permanentes» de Ceuta deja claro los riesgos. Abundan los datos que en España se ignoran, como el hecho de que la Comandancia General de Ceuta hubiera elaborado planes y mapas estratégicos reservados en los que se marca la línea para evacuar a la Península a la población civil, unas 84 mil, en el supuesto de una agresión militar marroquí.
- Fernando Ramos es periodista