PISA no pasa
El caso del País Vasco es realmente paradigmático. Se trata del sistema educativo que más dinero invierte por alumno en toda España. El que destina más recursos –impuestos que usted y yo pagamos– al fracaso más escandaloso
El Informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, conocido como Informe PISA por sus siglas en inglés (Programme for International Student Assessment) es un estudio evaluativo que realiza la OCDE en muchísimos países del mundo y que mide el rendimiento académico de los estudiantes de 15 años a través de unos exámenes estandarizados de matemáticas, ciencia y lectura. El objetivo final es evaluar el sistema educativo de cada país, no al alumno concreto, proporcionando aquellos datos comparables que permitan a cada país evaluarse, mostrando las evidencias que le permitan orientar, reorientar o mejorar sus políticas educativas.
El último informe PISA ha resultado demoledor para España, o quizás, sencillamente ha sido veraz, honesto y profesional. Quiero poner en valor esta cuestión porque permite tener esperanza en sistemas que perfectamente pueden tener credibilidad, sin estar manipulados, corrompidos y sin servir al amo que los financia. Ni una sola voz se ha alzado contra las conclusiones, nefastas conclusiones en nuestro caso, ni se han articulado reproches o desdenes. El examinador sabe lo que hace y lo hace con claridad y destreza. Hay esperanza, repito, en que en la gestión de la «cosa pública» se pueda ejercer con rigor y seriedad. Desgraciadamente en nuestro país las evidencias valen para poco. Lo que de verdad funciona es la manipulación, el engaño y la mentira. En ninguna sola de las administraciones públicas responsables españolas ha habido un solo acto de contrición o de disculpa. Mucho menos de aceptación. Ya se sabe, la culpa es del móvil y de la tablet y, ¿por qué no?, de la inteligencia artificial. ¿Acaso en las comunidades que obtienen un sobresaliente, como por ejemplo Madrid, no hay WIFI o los jóvenes desdeñan los dispositivos electrónicos?
El caso del País Vasco es realmente paradigmático. Se trata del sistema educativo que más dinero invierte por alumno en toda España. El que destina más recursos –impuestos que usted y yo pagamos– al fracaso más escandaloso. ¡Será por dinero! La caída en la clasificación del País Vasco resulta sonrojante precisamente por no producir rubor alguno en los irresponsables que comandan el Gobierno Vasco. No puede ser casualidad que la clasificación interanual se parezca mucho más a un tobogán de un parque acuático que a cualquier otra cosa. Pero sostenella y no enmendalla. La culpa será del maestro armero. Que las evidencias indican que es un grave error –educativo error– obligar a estudiar en un idioma que no es el materno. Asintomático en la reacción. Aquí es así y punto. Que es un grave error –educativo error– que los profesores obtienen su plaza no por sus cualidades o su vocación, sino principalmente por el conocimiento de un determinado idioma. Asintomático en la reacción. Aquí es así y punto. Que el Gobierno de España abandona sus responsabilidades curriculares por el miserable mercadeo de votos despreciables, muchos de ellos manchados de sangre. Asintomático en la reacción. Aquí es así y punto. Que un porcentaje elevadísimo de los graduados universitarios se marchan a Madrid u otras capitales, para construir su futuro profesional y para nunca más volver. Asintomático en la reacción. Aquí es así y punto. Que la inmensa mayoría de las empresas suplican para que se produzca un cambio educativo que permita atraer talento de otros lugares sin el enorme inconveniente de tener que escolarizar a sus hijos en euskera. Asintomático en la reacción. Aquí es así y punto.
Y quien diga lo contrario sufrirá en su piel de manera cruel lo gélida que es la sociedad vasca cuando lo desea. Y este es el caso. No cabe duda. Es una estrategia consolidada y a largo plazo. Nos quieren tontos y acríticos. Necesitan consolidar una juventud sin principios y sin ideales. Una juventud que agreda a quien lleva una determinada camiseta. Una juventud que se envuelva en la bandera de Palestina, aunque no sepa ubicarla en el mapa. Una juventud narcotizada que se cree la mejor del mundo por el simple y anecdótico hecho de haber nacido en un lugar concreto. Una juventud que cree firmemente en las enormes posibilidades que otorga el uso de la violencia. En conclusión una juventud lobotomizada que repita sin atisbo de reflexión Gora Euskadi askatuta.
Entre todos tenemos una ardua y difícil tarea, pero tenemos que abordarla, asumirla y revertir el disparate actual. Se lo debemos a nuestros hijos.
- Rafael Carriegas Robledo fue diputado del PP por Vizcaya