Diez acuerdos para confiar en la alternativa
Para que la sanadora alternativa cuaje entre los ciudadanos como una pulsión imparable, resulta muy pobre establecer como único banderín de enganche el objetivo de «quitar a Pedro Sánchez». Ese planteamiento, siendo objetivamente deseable, es necesario pero manifiestamente insuficiente
Muy recientemente, la periodista Susanna Griso entrevistó a Jaime Mayor Oreja en su programa de televisión Espejo Público. En el transcurso de la conversación, la hábil comunicadora preguntó al presidente de NEOS por cuál de los partidos –PP o VOX– tenía más simpatía a la hora de emitir su voto, a lo que el donostiarra contestó muy sabiamente que él votaría a favor de la alternativa. Todos los resultados electorales que se vienen produciendo en los últimos meses y todas las encuestas sobre futuros comicios —excepción hecha de la extravagante deriva cósmica del CIS— demuestran que existe una muy sólida alternativa al decadente gobierno del frente popular y vaticinan un escenario en el que necesariamente los dos partidos —VOX y PP— van a estar obligados a entenderse.
Cualquier lector coincidirá conmigo en que ambas organizaciones llevan años, y muy especialmente los últimos meses, en una permanente y muy ácida disputa, tanto en el hemiciclo como en las campañas electorales o en los medios de comunicación. Parece no haber tregua. Pero, al mismo tiempo, y esa es también una evidencia demostrable, la alternativa crece y se consolida de manera manifiesta. La amalgama de separatismos e izquierdas vive en un mundo paralelo, está groggy como el boxeador que está a punto de besar la lona y todo apunta a que en la cita de las elecciones generales se va a caer con todo el equipo. No obstante, para que la sanadora alternativa cuaje entre los ciudadanos como una pulsión imparable, resulta muy pobre establecer como único banderín de enganche el objetivo de «quitar a Pedro Sánchez». Ese planteamiento, siendo objetivamente deseable, es necesario pero manifiestamente insuficiente.
Resulta trascendental enamorar a los españoles con una serie de actitudes, propuestas y promesas (de obligado cumplimiento) que alumbren un ilusionante cambio a mejor. Los programas electorales están repletos de innumerables planteamientos en los que seguramente ambos partidos tienen opiniones discrepantes en el fondo o en el detalle, no obstante, parece fundamental que, al menos, se den la mano en asuntos esenciales que permitan a los votantes confiar en la alternativa. No en la alternancia o en el quítate tú para ponerme yo. Repito, en la alternativa. En el necesario e imprescindible cambio. Los ciudadanos, en la lamentable situación actual, necesitamos acuerdos sencillos sobre asuntos básicos que nos generen la confianza suficiente para aupar a la alternativa al gobierno. Les propongo a ambos partidos diez acuerdos para confiar en la alternativa:
1) Que el gobierno esté repleto de buenas personas. De buena gente. De mujeres y hombres honestos. Personas que digan la verdad y en quienes prevalezca el humanismo, es decir, que antepongan a cualquier decisión la dignidad de cada persona. Un gobierno en el que no haya sitio para los canallas.
2) Que el gobierno sea solidario, justo, leal, estable y comprometido con la vida.
3) Que el objetivo esencial del gobierno consista en forjar la confianza social suficiente para lograr la prosperidad de todos los ciudadanos, especialmente de los más frágiles, de los más vulnerables, de los más humildes y de los más necesitados.
4) Que el gobierno logre que todos los españoles seamos iguales ante la ley. Para ello abordará sin complejos todos los cambios legislativos, constitucional incluido, que permitan acabar para siempre con las coacciones, las desigualdades y los privilegios. Un país donde solo haya ciudadanos de primera.
5) Que el gobierno fortalezca la autoridad pública y la seguridad. Que legisle sin rubor a favor de las personas decentes y persiga a las indecentes.
6) Que la España diversa y ambiciosa se envuelva en una narrativa nacional sólida y fructífera, no acobardada, insolidaria o desigual. Que promueva la cultura como forma de vida compartida, plena de nuestra historia y valores, en la que la pluralidad o la singularidad de cada uno de nosotros sirvan para sumar y ser mejores, no para restar o separar.
7) Un gobierno que maximice el resultado de nuestro esfuerzo fiscal, racionalizando el gasto y reevaluando todas las competencias de las distintas administraciones públicas.
8) Un gobierno que acoja con alegría, empatía y generosidad a todas aquellas personas que vengan de otros países a trabajar y prosperar en España, quienes deberán cumplir estrictamente con todos los preceptos legales, lo cual los hará ciudadanos iguales y de pleno derecho.
9) Un gobierno que ayude a crear sólidas fortalezas que persiga promover el mejor y más estable empleo, que permita a jóvenes y mayores edificar sus proyectos de vida y que sea incansable en la promoción de los mejores servicios públicos, muy especialmente la educación, la sanidad y la seguridad.
10) Un gobierno abierto, transparente y moderno, que promueva la regeneración institucional, que se instale en la más aséptica separación de poderes y que cimente a largo plazo relaciones y acuerdos provechosos con todos los países del orbe, siendo siempre fiable, íntegro, leal y amigo de sus amigos.
Y si, aunque solo sea para hacer felices a la inmensa mayoría de españoles, de izquierdas y de derechas, acuerdan no pactar jamás, bajo ningún concepto, con ningún partido nacionalista, creo que la cosa va a ir muy bien.
- Rafael Carriegas Robledo fue diputado nacional del PP por Vizcaya