27 de junio de 2022


Armando Zerolo
CARTAS DE LA RIBIERA

¿Ser católico es de derechas?

Un católico debería poder ser de derechas o de izquierdas, o de lo que le diese la real gana, porque ser católico no es el esmalte con el que cubrimos nuestro mascarón de proa

Hay muchas razones históricas por las que en España tradicionalmente se asocia ser católico a ser de derechas, mientras que el anticlericalismo suele ser de izquierdas, lo cual es una desgracia tanto para la derecha, como para la izquierda, como para la Iglesia española en su conjunto. Es nuestra desgracia nacional, y lo que explica que aflore cada cierto tiempo una tensión demasiado intensa.
Un católico debería poder ser de derechas o de izquierdas, o de lo que le diese la real gana, porque ser católico no es el esmalte con el que cubrimos nuestro mascarón de proa. Lo único que hace falta para entrar en el «club» se dice al empezar la misa: «yo confieso que he pecado…», y punto. No se te pide un carné, y mucho menos una pureza. Ya lo dijo Ratzinger, el confietor es la fórmula que la Iglesia ha encontrado para defenderse «también de la pretensión de una Iglesia sólo santa».
Ser católico, por tanto, no debería ser ni derechas ni de izquierdas, pero no me pregunto por lo que debería ser, sino por lo que de hecho es en España.

«Lo católico» está pasando a ser el elemento más exclusivo de un nuevo pack identitario

Antes uno podía ser del Real Madrid, ir a los toros, tomarse un vermú, vivir en Cáceres, escuchar a Julio Iglesias, y ser de izquierdas. Los cazadores podían tener carné de la UGT y las cañas bien tiradas eran algo muy progre. Un socialista de bien llevaba con orgullo la bandera de España, y un tío de derechas de toda la vida no mencionaba la bandera ni harto de vino.
Y si esto era así, más aún lo era lo de ir a misa porque, al menos durante una época, ser católico no era ni de derechas ni de izquierdas. Al menos hasta que alguien vio que había negocio en el asunto.
Las tetas de ayer en la capilla de Somosaguas son hoy la menstruación de la liberación. Saben cómo tocar las narices siempre a los mismos. En sus horas más bajas capitalizan el malestar de las capillas. Le deben sus escaños a la agitación del avispero que se encuentra de cintura para abajo. Son más moralistas que las monjas de sus cuentos.
Pero lo católico no tiene tanto que ver con el pito y con el culo como algunos se empeñan, aunque sea sencillo hacer de ello una caricatura para molestar. Es lo que más puede irritar a cierta derecha, que también sabe cómo reaccionar: lo católico funciona como elemento aglutinador. Y esto es muy fácil de instrumentalizar: «Voy a misa para ser de los míos».
Aumenta la sensación de inseguridad y se busca el refugio del rebaño. ¿Soy churra o merina? Cuanto más claramente me identifique, y me puedan identificar los míos, más seguro estaré. ¿Y cuál empieza a ser el signo más reconocible de la derecha identitaria, el carné premium para entrar en el club? Ser católico. «Lo católico» para la derecha puede ser un parche más en la chupa, otro pin en la solapa, pero la realidad es que la fe no pertenece a ninguna ideología política.
Se está empezando a vender en los concesionarios de las identidades políticas el full equipe del español de derechas fetén. Por un poco más te pongo la misa, y ya tienes el kit de competición. Es un pack cerrado, opción «full equipe», o lo tomas o lo dejas. Va todo en uno.
La triste realidad es que ser católico en España se asocia a ser de derechas. Es una mala noticia. Estamos empezando a ver el resurgir de los «católicos tuneados».
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