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José y María

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Navidad 2023

'Los peces en el río', el misterioso villancico del que no se sabe ni quién lo compuso ni cuándo

Los peces simbolizarían a los discípulos de Jesús, pues eran pescadores, y que celebran su nacimiento bebiendo, es decir, brindando por su llegada, pues viene para redimir a la Humanidad

'Los peces en el río'

La Virgen se está peinando
entre cortina y cortina,
los cabellos son de oro,
los peine de plata fina.

Pero mira cómo beben
los peces en el río,
pero mira cómo beben
por ver al Dios nacido.
Beben y beben
y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.

La Virgen va caminando
por una montaña oscura
y al vuelo de la perdiz
se le ha espantado la mula.

Pero mira cómo beben
los peces en el río,
pero mira cómo beben
por ver al Dios nacido.
Beben y beben
y vuelven a beber,
los peces en el río
por ver a Dios nacer.

[Letra alternativa para la segunda estrofa]

La Virgen está lavando
y tendiendo en el romero,
los pajarillos cantando,
y el romero floreciendo.

Si bien este es un villancico que goza de gran popularidad, y no solo en España, sino también en Hispanoamérica, no sabemos ni la fecha de su composición ni la autoría de música y letra. Y, a diferencia de otros villancicos, en este la Virgen es la única protagonista de las dos estrofas: cuartetas octosilábicas con rima asonante en los pares: [I: /í-a/ («cortina/fina»); II: /ú-a/ («oscura/mula»)].

Adviértase que en el timbre vocálico, en ambas estrofas se parte de un fonema de abertura mínima para pasar a otro de abertura máxima. Pero hay un gran contraste entre ambas estrofas. En la primera, la Virgen se presenta arreglando su pelo (la perífrasis «estar+gerundio» subraya la continuidad de la acción); y todo resplandece: sus cabellos rubios transmutados metafóricamente en «oro», (verso 3) así como los peines empleados, que son «de plata fina» (verso 4).

El cromatismo se ve, pues, acentuado por el brillo (oro/plata) que aporta un cierto aire de refinamiento. En cambio, en la segunda estrofa predomina el ambiente lóbrego: «La Virgen va caminando / por una montaña oscura» (versos 1-2); y de nuevo figura en la letra una perífrasis durativa (en esta ocasión ir+gerundio, en el verso 1) y un adjetivo («oscura», en el verso 2); es decir, «plata fina» (verso 4 de la primera estrofa) frente a «montaña oscura (verso 2 de la segunda estrofa). Y la mula en que cabalga la Virgen se ha espantado ante el ruido que produce una perdiz que alza el vuelo (versos 3-4), lo que implica, pues, ciertas dificultades en un trayecto casi fantasmagórico, pues no se sabe ni de dónde viene ni adónde va la Virgen, y solo se especifica por dónde (verso 2: “por una montaña oscura»).

Quizá la otra variante de la segunda estrofa esté más en consonancia con el clima festivo de un villancico, al que contribuye el valor semántico y aspectual de los gerundios empleados («lavando/tendiendo» [la Virgen], «cantando» [los pajarillos], «floreciendo» [el romero]).

En cuanto al estribillo, es marcadamente popular y de letra y música muy pegadiza y fácilmente cantable, aunque altamente extravagante, porque los que quieren asistir al nacimiento no son ni los pastores ni los Reyes Magos, ni hay estrella que los guía, ni coros celestiales de ángeles -según costumbre ancestral-, sino los peces. Además, quizá requeriría este estribillo alguna matización: en realidad, los peces de río y, por tanto, de agua dulce, no beben en él, sino que, hablando con propiedad, «respiran»; pero este hecho es insignificante, ya que lo que importa es que «saltan del río» para asistir al nacimiento («por ver al Dios nacido»/«por ver a Dios nacer»).

No es por tanto necesario acudir a algunas interpretaciones filosófico-religiosas que se hayan podido dar, como, por ejemplo, que los peces simbolizarían a los discípulos de Jesús, pues eran pescadores, y que celebran su nacimiento bebiendo, es decir, brindando por su llegada, pues viene para redimir a la Humanidad. Por lo demás, este estribillo se compone de dos cuartetas enlazadas y muy pegadizas, en la que riman los versos impares en consonante /é-e/ (al repetirse el verbo «beber»), y los pares en asonante /í-o/ («río»/«nacido») en la primera cuarteta; en la que se repite el verbo «beber»); mientras que en la segunda cuarteta solo riman en asonante aguda los versos pares («beber»/«nacer»). Y si numeramos los versos del estribillo del 1 al 8, comprobamos que la forma «beben» se repite al final de los versos 1, 3 y 5, además de en el propio verso 5 («beben y beben»), y que ya en infinitivo cierra el verso 6, en una perífrasis reiterativa (volver a+infinitivo: «vuelven a beber»).

Y en esta continuada reiteración de la acción de beber se muestra la alegría desbordada que los peces manifiestan ante el nacimiento de Dios. Por lo demás, las acciones verbales se expresan en presente de indicativo («mira», versos 1 y 3; «beben», versos 1, 3 y 5), lo que sirve para actualizar los hechos referidos, trasladándolos al momento en que se entona el villancico. Y esto es precisamente de lo que se trata: «Pero mira como beben / los peces en el río, / pero mira como beben / por ver al Dios nacido. // Beben y beben / y vuelven a beber, / los peces en el río / por ver a Dios nacer».

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