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16 de junio de 2024

José, Nacho y Jaime, voluntarios en Alcuéscar, durante su visita a El Debate

José, Nacho y Jaime, voluntarios en Alcuéscar, durante su visita a El DebateJorge Ruiz

Restaurar iglesias, atender peregrinos, cuidar enfermos...

Cinco propuestas para hacer voluntariado este verano sin salir de España

Las vacaciones estivales son largas, y para algunos se convierten en el invierno del alma. Nada mejor, por tanto, que salir de uno mismo para ayudar a los demás

Seguramente serán varios cientos las instituciones benéficas que estén deseando contar con manos que les ayuden a sacar adelante su labor desinteresadamente este verano. Aquí, al menos, ofrecemos cinco de ellas.

Casa de la Misericordia en Alcuéscar (Cáceres)

El P. Fernando Alcázar, con tres jóvenes voluntarios en Alcuéscar

El P. Fernando Alcázar, con tres jóvenes voluntarios en Alcuéscar

Si hay algo que sorprende cuando se cruza el umbral de la Casa de la Misericordia de Alcuéscar (Cáceres) es el cariño y cuidado con el que se trata a cada uno de los enfermos que allí conviven. Atendidos por los religiosos de la pequeña congregación de los Esclavos de María y de los Pobres, fundada en esa misma localidad por el sacerdote Leocadio Galán en 1939, los residentes reciben las visitas de decenas de voluntarios que proceden de parroquias, colegios y universidades de toda España.

Tres de ellos son Jaime Pita, Nacho Benguechea y José López Benito, de Madrid, que han acudido a la sede de El Debate para narrar su experiencia. Pertenecen a los grupos Loyola, vinculados a la Compañía de Jesús. José, de 26 años, que ahora trabaja como Jefe de Operaciones en la empresa Urbanitae, comenzó yendo de adolescente invitado por un familiar, y ahora hace lo mismo con otros jóvenes. «El tío de Nacho y mío hizo en Alcuéscar un campo de trabajo cuando era joven. Tuvo una conexión muy fuerte con la casa, con el padre Fernando Alcázar (uno de los religiosos de allí) y eso le llevó a estar muy cerca de Dios», explica José. «Empezó a llevar a mucha gente, y cuando yo tenía 17 años, me propone montar un voluntariado unas semanas ahí en verano, y ahí me fui yo con varios amigos», prosigue. «Fue fenomenal», resume.

José, Jaime y Nacho han repetido su experiencia de voluntariado en Alcuéscar

José, Jaime y Nacho han repetido su experiencia de voluntariado en AlcuéscarJorge Ruiz

¿No es aburrido hacer voluntariado en verano? ¿Es un buen plan para un joven o adolescente? «Por supuesto que sí», responde rotundo Nacho, de 17 años, estudiante de 1º de Bachillerato en el colegio Santa María del Pilar de Madrid, que el pasado verano fue por primera vez a Alcuéscar. «Tanto a mí, como a José, a Jaime y a nuestro tío, nos ha marcado un montón», asegura. «Mi hermana, por ejemplo, también fue a un psiquiátrico hace unos años de voluntariado, ¡te cuenta unas cosas!», exclama. «Tú no vas a volver a ver a una persona discapacitada de la misma manera que la veías antes. Desde 'tu mundo', la ves un poco como una persona diferente, o de un modo despectivo incluso», reconoce. Pero, después de ayudar a los pacientes y compartir tiempo con ellos, «te das cuenta de cómo se les debe tratar». «Cuidaban a los residentes y les cogieron un cariño muy especial, siempre desde la fe, que a mí me parece muy importante eso», prosigue el adolescente.

Jaime: "Jamás me he arrepentido de ir de voluntariado en verano"

Jaime: «Jamás me he arrepentido de ir de voluntariado en verano»Jorge Ruiz

Pero, como es lógico, en un primer momento no es el plan que más apetezca a un joven para su verano. «Yo el año pasado, por ejemplo, cuando me propusieron el voluntariado, ya tenía cerrado justo en esas fechas un viaje con mis amigos», explica Jaime. «De primeras dije: 'No puedo', pero luego estuve dándole vueltas, me lo planteé y llamé a José para ir a Alcuéscar», agrega. «Jamás me he arrepentido de ir al voluntariado. Siempre lo he agradecido muchísimo, aunque tuve que esforzarme un poco al principio para ir. Es una experiencia que merece muchísimo la pena», sentencia.

Monasterio de la Encarnación (Ávila)

La imagen promocional para el voluntariado de este verano en Ávila

La imagen promocional para el voluntariado de este verano en Ávila

El P. Arturo Díaz, legionario de Cristo, es el capellán del monasterio de la Encarnación de las carmelitas en Ávila. En él vivió y fue abadesa santa Teresa de Jesús y confesó san Juan de la Cruz. Eso lo convierte en un importante centro de peregrinación y de turismo, por lo que el padre Díaz ideó hace unos años organizar un voluntariado «para acoger a los peregrinos, participar en la vida del monasterio –celebraciones, misas, oraciones, charlas, locutorio…–, atender la tienda del museo, hacer de guía, cuidar el patio y las plantas…».

«Es un voluntariado netamente espiritual», explica el capellán del carmelo de la Encarnación, porque «los grupos de peregrinos necesitan una atención humana y espiritual, y esta la reciben de los voluntarios». «Además, el voluntario vive en un ambiente espiritual muy teresiano, con gran cercanía diaria a las religiosas, y empapándose del espíritu carmelitano propio de este monasterio», agrega.

Están principalmente invitados a este voluntariado chicas, aunque también chicos, a partir de los 16 años, desde junio a septiembre, en las fechas que el voluntario pueda disponer.

Monasterio de Santa María de Rioseco (Burgos)

El presbiterio de la iglesia del monasterio tal como estaba en 2010

El presbiterio de la iglesia del monasterio tal como estaba en 2010

El presbiterio, después del trabajo llevado a cabo por voluntarios en verano de 2011

El presbiterio, después del trabajo llevado a cabo por voluntarios en verano de 2011

Si lo que a uno le gusta es el patrimonio, la arqueología y los monumentos, le encantará ir a ayudar al monasterio de Santa María de Rioseco, en Burgos. Allí llegó como párroco, en 2006, Juan Miguel Gutiérrez Pulgar, y se le asignaron 16 diminutos pueblos... y un convento casi desconocido y sepultado por la maleza.

Unos años más tarde, el sacerdote comenzó a recibir unos pocos voluntarios para comenzar a desescombrar y recuperar el cenobio. Al verano siguiente se apuntaron más, y más, y comenzaron a llegar incluso del extranjero. Ahora, cada año, varios centenares de personas acuden a Rioseco, donde la primera semana de agosto tiene lugar la Semana del Voluntariado.

Unos padres, acompañados por su hijo, ayudan a recuperar una zona del convento

Unos padres, acompañados por su hijo, ayudan a recuperar una zona del claustro

«Todo el que quiera ayudarnos a reconstruir este monasterio puede acercarse a él de 10h a 20h de lunes a sábado», explican en su página web, que incluye un formulario para inscribirse. «Se alojan en las casas de la gente de los pueblos y los propios vecinos preparan la comida para que no les falte de nada a los voluntarios», explica el padre Juan Miguel.

Los voluntarios ya vienen incluso desde el extranjero

Los voluntarios ya vienen incluso desde el extranjero

No hace falta tener especiales cualidades para colaborar. «Sólo se necesita tener ganas de ayudar y presentarse en el monasterio durante esa semana el día y a la hora que se pueda; no olvidar llevar guantes y herramientas si se tienen, como palas, carretillas, azadas y rastrillos, las cuales serán muy útiles», puntualizan.

Unos voluntarios desescombran una zona del convento

Unos voluntarios desescombran una zona del convento

La labor del padre Juan Miguel y sus colaboradores en el monasterio de Rioseco ha sido espectacular durante estos casi 20 años. El convento ha pasado de estar completamente abandonado a recibir cerca de 50.000 visitas anuales. Eso le ha hecho ser merecedor del premio Hispania Nostra de 2022.

Iglesia de Oceño (Asturias)

Varios jóvenes del CEU ayudan a recuperar la iglesia el pasado verano

Varios jóvenes del CEU ayudaron a recuperar el templo el pasado verano

Barnizar bancos, pintar puertas y paredes, colocar canalones, instalación del retablo o renovar la instalación eléctrica son algunas de las labores que van a realizar 50 alumnos y 11 profesores de diversas carreras de la universidad San Pablo CEU de Madrid en la iglesia parroquial de Oceño, en el concejo de Peñamellera Alta (Asturias).

Los jóvenes

Los jóvenes también ayudaron a portar a la Virgen del Carmen

Dirigidos por su capellán, el padre Daniel Rojo, los jóvenes también ayudarán al párroco de Panes en la limpieza, mantenimiento y pintura de la iglesia parroquial, y en el templo de Carreña. Además, un grupo irá a Poo de Cabrales a hacer voluntariado en la residencia de mayores.

Los universitarios también encuentran momento para rezar y disfrutar del paisaje asturiano

Los universitarios también encuentran momentos para rezar y disfrutar del paisaje asturiano

Ya llevan varios años acudiendo a Asturias para ayudar a los sacerdotes de las zonas rurales. «Esperamos ser una pequeña semilla que cree esperanza y fe en estas comunidades cristianas rurales, en un contexto de abandono rural, desplome demográfico y secularización», señalan los organizadores.

Varias voluntarias ayudan a reubicar un confesonario en la iglesia

Varias voluntarias ayudan a reubicar un confesonario en la iglesia

Los responsables han elaborado una página web donde dan a conocer su proyecto.

Albergue de peregrinos de Carrión de los Condes (Palencia)

Varias agustinas de la Conversión posan con peregrinos y voluntarios

Varias agustinas de la Conversión posan con peregrinos y voluntarios

Carrión de los Condes se convierte cada tarde de verano en un crisol de culturas y en una Babel de lenguas. En este pueblo de Palencia convergen peregrinos del Camino de Santiago provenientes de los más variados países. Aquí hacen noche después de una dura jornada, castigados por un sol de justicia, mientras cruzan los extensos trigales de Tierra de Campos.

Al llegar al municipio palentino y cruzar sus desmochadas murallas y torreones, encuentran la majestuosa iglesia de Santa María, obra románica de transición al gótico. Junto a ella se ubica el albergue parroquial del mismo nombre, que regentan unas jóvenes y risueñas monjas agustinas de la Conversión.

Unos peregrinos arriban a Carrión de los Condes

Unos peregrinos arriban a Carrión de los Condes

«Dese Islandia a Australia, y desde Canadá a Rusia, llegan peregrinos cada día», explican las religiosas. Aquí, el trabajo en verano es frenético: «Los peregrinos comienzan su andadura y la comunidad les acompaña al unísono con la oración. Luego toca la primera acogida, la limpieza exhaustiva del albergue que se abrirá a las 12.00 h.En la tarde hay un encuentro con los peregrinos donde la música, lenguaje universal, hace que tengamos una sola voz aun cuando no entendemos muchos idiomas».

Todas las tardes, en la misa del peregrino, las hermanas oran por cada uno de ellos

Todas las tardes, en la misa del peregrino, las hermanas cantan y oran por cada uno de ellos

Y por eso necesitan ayuda, que les llega en forma de voluntarios. «Durante la semana, ya fuera recibiendo a los peregrinos, ayudando en la limpieza o simplemente compartiendo las experiencias vividas en el encuentro musical, recibía la fuerza y la alegría que estaba buscando al querer ser hospitalero», relata Pablo, uno de los voluntarios. «En mi caso, había demasiados motivos para ser voluntario en verano: desconectar de la rutina, encontrarme un poco conmigo mismo y, para mí la más importante, encontrarme con Dios», añade Samuel. «Puedo decir con total seguridad que he podido verle a Él en numerosos momentos; he podido experimentar su amor en cada gesto de las hermanas, de los hospitaleros y cada historia de los peregrinos que visitaban el albergue», concluye.

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