Puerta de acceso al edificio que alberga el Cenáculo de Jerusalén
El Cenáculo de Jerusalén, santuario de la Última Cena y emblema del Jueves Santo
Los franciscanos, desde hace 800 años, se dirigen en procesión desde el Santo Sepulcro de Jerusalén hasta la sala del Cenáculo para la celebración de la 'Missa in Coena Domini'
Ubicado en el Monte Sión, en la actualidad extramuros de la ciudad antigua de Jerusalén, en una estructura coronada por arcos apuntados de tiempos cruzados, el Cenáculo (del latín Cenaca, que significa sala de cena) es un emplazamiento emblemático del Jueves Santo, pues se cree que albergó la Última Cena que celebró Jesús con sus discípulos.
Se trata de una sala de pequeñas dimensiones y columnas en su centro, en la que cuesta imaginar una representación fidedigna del famoso cuadro de Leonardo da Vinci. Pero su autenticidad no es lo más importante, sino cómo engarzan la historia, el relato bíblico y la tradición judeocristiana en un solo lugar.
El día grande en el que recupera toda su significancia es el Jueves Santo, cuando se lleva a cabo la ceremonia del lavatorio de pies y los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, desde hace 800 años, se dirigen en procesión desde el Santo Sepulcro de Jerusalén hasta la sala del Cenáculo para la celebración de la Missa in Coena Domini.
Un lugar emblemático
A pocos metros de la imponente abadía de la Dormición, donde se cree que murió María, se encuentra el Cenáculo, al que se accede atravesando una puertecita pintada de un azul grisáceo. Es un espacio tranquilo y de recogimiento que data de la época cruzada, lo que puede apreciarse por sus característicos arcos góticos. El edificio era parte de un monasterio franciscano hasta 1552, y posteriormente fue convertido en una mezquita por los otomanos, que añadieron un minarete y ornamentales vidrieras de colores.
Interior de la sala del Cenáculo de Jerusalén, lugar venerado como emplazamiento de la Última Cena de Jesús con sus discípulos.
Es la sala donde se recuerda que Jesús comió su última cena con los apóstoles, donde instituyó la Eucaristía anticipando su muerte y resurrección, y donde sus discípulos parecen haberse congregado después de la muerte de Jesús. «Subieron al Cenáculo, donde vivían, Pedro, Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás, Bartolomé y Mateo, Santiago de Alfeo y Simón el Zelotes, y Judas el de Santiago. Todos ellos perseveraban unánimes en la oración, junto con algunas mujeres, y con María la madre de Jesús, y sus hermanos» (Hechos 1:13-14).
La situación de conflicto en la región ha disuadido a los peregrinos en el último año y medio de visitar los lugares santos. No obstante, en los días previos a la Semana Santa, Jerusalén sigue siendo centro inevitable de atracción de turistas y visitantes como Orlando Santos, procedente de México, que no podía esconder su emoción por encontrarse en el lugar donde se venera el episodio bíblico de la Última Cena y Pentecostés, las dos únicas fechas en las que se ofician misas en el lugar.
El lugar es una pequeña estructura con arcos apuntados de estilo cruzado y vitrales de colores de la época otomana
«Es increíble este lugar. Es muy bello y tranquilo, transmite mucha paz y puedes imaginarte a Jesús con sus discípulos», manifestó este valiente peregrino a El Debate al visitar el Cenáculo por primera vez.
Peregrinos de Asia
Otros grupos de trabajadores asiáticos se arremolinaban junto al convento de San Francisco Ad Coenaculum, situado a pocos metros del Cenáculo, en una visita guiada, mientras deambulaban por el lugar ultraortodoxos judíos y algún fraile franciscano ataviado con el tradicional hábito pardo y su cordón de tres nudos.
Además de la sala, lugar imprescindible para los peregrinos cristianos que visitan la ciudad santa, el edificio cuenta con una magnífica azotea a la que se accede a través de una escalera construida junto al alminar y desde la que se divisa el valle del Cedrón, el Monte de los Olivos y gran parte de la antigua Jerusalén.
El Papa Francisco celebró una misa privada en el Cenáculo en 2014
El papa Francisco celebró una misa privada en el Cenáculo durante la visita que efectuó a Tierra Santa en mayo de 2014. Entonces, el pontífice manifestó: «En el Cenáculo, Jesús resucitado, enviado por el Padre, comunicó su mismo Espíritu a los apóstoles y con esta fuerza los envió a renovar la faz de la tierra».
Durante siglos, este lugar estuvo en manos de la Custodia franciscana de Tierra Santa, pero Solimán el Magnífico lo expropió en el siglo XVI y, con la creación del Estado de Israel en 1948, pasó a estar bajo su administración.
Desde 1993, cuando Israel y el Vaticano establecieron relaciones diplomáticas, la administración del santuario se encuentra en el centro de intensas negociaciones sobre su custodia y la posibilidad de ampliación de la celebración de misas en el lugar, aunque las partes no consiguen llegar a un acuerdo por las susceptibilidades que despierta.
La tumba del rey David
Más allá de que el episodio de la Última Cena representara la celebración de la noche de la Pascua judía, también conocida como Seder de Pésaj (en hebreo), por parte de Jesús, el Cenáculo se emplaza junto a otro lugar importantísimo para la tradición judía.
En el mismo complejo, y bajando unas escaleras, se encuentra la tumba del rey David, nacido en Belén, y al que el Antiguo Testamento atribuye la fundación de Jerusalén, y de cuya estirpe los profetas vaticinaron que descendería el ungido, el Mesías.
De acuerdo al relato bíblico (I Reyes 2:10), David fue enterrado en una colina oriental de la ciudad, y desde hace al menos un milenio este emplazamiento ha sido considerado el lugar donde reposan los restos de aquel pastor israelita que derrotó al filisteo Goliat y se convirtió en rey.
La sala, una cámara vacía que contiene un sencillo cenotafio cubierto de terciopelo de color oscuro, sobre el que figura la leyenda en hebreo que reza «David, rey de Israel vive y perdura», fue declarada lugar de su sepultura en el siglo X d. C.
El cenotafio puede ser visitado por hombres y mujeres, pero por separado, ya que un biombo divide la estructura siguiendo la tradición más ortodoxa judía.
La importancia de este enclave para Israel se avivó entre 1948 y 1967, cuando, con la Ciudad Antigua en manos jordanas y el Muro de las Lamentaciones –lugar más importante para el judaísmo– fuera de los límites que estaban bajo su administración, la tumba se convirtió en un lugar alternativo de peregrinación judía.
El Cenáculo sigue siendo un lugar clave para la tradición cristiana y un punto de conexión con la historia judía. A pesar del paso del tiempo y las disputas por su administración, conserva su valor simbólico y espiritual. Cada año, especialmente en Jueves Santo, vuelve a cobrar vida como espacio de celebración, recogimiento y recuerdo para peregrinos y la comunidad cristiana local.